No es una broma

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Miles de mujeres son asediadas sexualmente todos los días en las calles, en las escuelas, en las facultades, ambientes de trabajo y otros lugares, pero pocas toman actitudes firmes respecto a eso, debido a que una gran parte de las víctimas de asedio sexual, no lo denuncian por miedo o vergüenza.

El asedio sexual es toda la presión causada por alguien por medio de piropos e insinuaciones de tenor sexual. En una investigación realizada por el blog Think Olga, más de 99% de las casi 8 mil mujeres entrevistadas, afirmaron que ya sufrieron ese tipo de ofensa, siendo que el 85% ya habían sido tocadas por desconocidos.

Todos los piropos – desde “princesa” a llegar a tocarlas – faltan el respeto a la intimidad femenina y agreden gravemente a las mujeres. No se puede permitir que eso siga ocurriendo.

Más que una broma de mal gusto
Es difícil notar la diferencia entre una broma, un coqueteo o un acoso. Por eso, muchas veces, las mujeres no entienden la gravedad de la situación.

Una chica que en la escuela, oye una broma más pesada, raramente pone el límite necesario. Lo más común es que ella intente apartarse del agresor, pero una actitud de esas, nunca viene sola.

De la misma forma que decir “no” sonriendo es inútil, ignorar al agresor también lo es. La Biblia dice que nos apartemos del mal, no que pactemos con él: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Santiago 4:7

Para resistir, es necesario más que el silencio. Es necesario madurez y confianza.

Respeto
20140113nEl obispo Renato Cardoso, en su blog, hace una reflexión al respecto señalando que, de acuerdo con el origen de la palabra (“re” – de nuevo – y “specere” – mirar), respetar es mirar mejor a alguien.
Muchas veces, los hombres se dejan guiar por instintos primitivos e irracionales, juzgando a las mujeres como objetos. Para que presten más atención a la mujer y se concentren en lo que ella es realmente, es necesario usar la calma y la firmeza.

Dígale al agresor cómo se sintió, aunque él tenga reacciones adversas (como fingir que no entendió o ponerse agresivo), mantenga su confianza. Si la situación se repite, busque ayuda.

Nunca imagine que la situación se resolverá sola. No sucederá. Es necesario actuar con coraje e imponer límites.

La mujer no es culpable del asedio sufrido, pero, sabiendo que nunca conocemos completamente a todos los que nos rodean, es necesario dejar claro que no tolerará actitudes como esa.

 

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