¡Estoy Aquí!

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“¡Estoy Aquí!” Es la frase que escucho desde hace 17 años, que viene inmediatamente después de un silbido característico. Siempre que mi esposo abre la puerta de casa él nos dice que llegó, pero lo que realmente él quiere es que yo salga de donde estoy para recibirlo, que demuestre que estoy contenta por él haber llegado. Por ser el menor de una familia de 10 hermanos, recibió toda la atención, cariño, elogios y amor que un niño pueda desear. Él simplemente quiere ser escuchado, eso es suficiente para que sentirse apreciado, sin complicaciones.

De padres separados, hija del medio  (entre dos  hijos favoritos ☹), cargando un camión de inseguridad y carencias afectivas. Fue difícil aprender a expresarme, porque yo creía que mi opinión no importaba, no confiaba en los demás. Necesitaba atención. Sólo cuando reconocí que la deficiencia estaba en mí fue que paré de sobrecargar mi relación con un nivel de exigencia sobre-humano, porque ningún ser humano es capaz de suplir ese tipo de vacío. Sólo el verdadero Amor, que se dio a conocer por completo, nos lleva a vernos cómo Él nos ve.

Hoy yo sé quién soy, y me gusta lo que veo, siempre analizando en qué puedo mejorar. Y también descubrí que me gusta que me miren a los ojos mientras yo hablo, y mi forma preferida de que me tengan en cuenta, una expresión de amor. Ahora es así de simple…

Si usted no se entiende, no se conoce, es muy difícil para los demás verla, conocerla, amarla, admirarla. La convivencia acaba siendo parcial, porque habrá siempre una parte de usted que insiste en quedar escondida, en la oscuridad, por miedo a demostrar su punto débil – que no debe ser escondido, y sí superado.

Eso se aplica e implica en quien usted es/será como hija, como amiga, como esposa, como madre.

Cambiar esta situación  exige un esfuerzo, una entrega de su parte.

El comentario de Gizeli demuestra lo mucho que vale la pena ☺:

“Si hoy soy y estoy donde estoy en parte  tuvo mucho que ver con la atención que mi madre me daba cuando era niña, adolescente y joven. No fue fácil para ella, pero se esforzó en convertirse en mi confidente, mi mejor amiga, donde íbamos las personas pensaban que éramos hermanas o sólo amigas por nuestra complicidad la una con la otra.

En el momento de reprenderme ella hacía valer su autoridad, pero la mayoría de las veces ella buscaba comprender mis razones y me orientaba con dedicación y mucho cariño. Hoy estoy casada desde hace 19 años, no tengo hijos, pero si los tuviera actuaría como ella actuó conmigo, pues no me dejó ser títere de la sociedad mostrándome que yo misma es quien debo escoger y que conforme a mis elecciones, así tendría éxito en la vida o no.”

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