Etapa de liberación

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“Hola obispo. Participo en la Universal hace dos años, soy candidata a obrera, sacrifico, sin embargo tengo conciencia de que no estoy liberada, pues siento angustia, nerviosismo, dolores en el cuerpo; creo que eso es depresión. Tengo estos síntomas desde pequeña, y cuando pienso que estoy libre, pasa un tiempo y aparecen nuevamente. Quiero mucho tener al Espíritu Santo, para hacer la Obra de Dios, pero no entiendo el motivo por el cual todavía no me liberé, sé que no es culpa de Dios, ni de la iglesia o los pastores. Por favor, oriénteme”, Amiga.

Respuesta:

Amiga, usted quiere tener el Espíritu Santo y también quiere hacer la obra de Dios. ¡Excelente! Sólo que es necesario subir un escalón por vez. Por encima de todo priorice su liberación. Búsquela en las reuniones de los viernes y participe de los cultos de los miércoles y los domingos, para su edificación espiritual.

Además de eso, no esté ansiosa por resolver todo de una sola vez, al contrario, eso va a dificultar las cosas, como ha sucedido hasta ahora. Haga un examen sincero de su vida personal. Vea qué es lo que está mal y, en consecuencia, encontrará lo que ha impedido su liberación, porque dos años participando de reuniones es tiempo suficiente para que una persona sea completamente libre.

Honestamente, es difícil orientarla sólo basado en lo que escribió. Por eso, le recomiendo que busque al pastor de su iglesia y “abra su corazón”, explicando detalladamente su vida. De cualquier forma, en primer lugar usted necesita liberarse de las dudas, del nerviosismo, de la depresión, de todo lo que le genera angustia, para después ser sellada con el Espíritu Santo. De esa forma, estará apta para hacer la Obra de Dios.

Mientras tanto, si existe, de hecho, sed de su parte de ganar almas, nada le impide salir junto al grupo de evangelización por las calles, visitar hospitales, esto es, ir a los lugares donde hay mucha gente que no tiene la Palabra de Dios. Pues yo creo que usted durante estos dos años ya ha recibido alguna bendición de Dios de la que pueda dar testimonio, ¿no es cierto? Esté segura de que a medida que usted se preocupe por ayudar a los necesitados, Dios cuidará de todas sus aflicciones y le restaurará la salud. El Salmista David dijo: “Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará el Señor. El Señor lo guardará, y le dará vida; será bienaventurado en la tierra, y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos.”, (Salmos 41:1, 2).

Si usted esta pasando por algo similar, busque la ayuda de Dios participando en una Universal más cerca de su casa, haciendo clic aquí

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