La familia es la célula madre de la sociedad, ya que entre los familiares un individuo aprende a ser un ciudadano. En ella, él recibe protección, afecto, instrucción espiritual, noción de derechos y deberes. Es el primer grupo social al cual alguien pertenece y la base para integrarse a todos los demás grupos a lo largo de su vida.

Por ese motivo, el mal y sus armas, además de todo lo que es nocivo, atacan a la institución familiar que Dios concibió.

Dios, la base principal

El propio Dios hizo que su Hijo naciera entre los hombres en una familia dedicada. María y José tuvieron una inmensa responsabilidad al ser elegidos para enseñarle los primeros pasos a Aquel que fue destinado a ser el Salvador de la Humanidad. Él aprendió a respetar a sus padres terrenales antes de predicarles a los demás que obedecieran al Altísimo. Nadie puede exigir respeto sin antes saber obedecer y respetar.

En aquel hogar, el Señor Jesús supo cómo es depender de alguien para ser alimentado, protegido y enseñado. Él aprendió a trabajar con su padre y a ser respetuoso con las personas. Aquella pareja simple de Nazaret llevó al Mesías a entender la importancia de una familia bien constituida —incluso espiritualmente— en su formación.

Por eso, es esencial darle atención especial al núcleo familiar, el comienzo de todo.

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