Ganar la competencia

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¡Que mundo competitivo el que vivimos! Aún cualificándote  mucho, eso no te garantiza el éxito. El maratón para demostrar valor, cualidades y competencia han consumido a las personas al punto de sentirse angustiadas y sin saber que hacer.

Ejemplos para ilustrar el tema no faltan, pero elegí la conocida historia de David para darle una buena idea.

David era de una familia numerosa, el más joven entre 8 hermanos. Cuando el profeta Samuel llegó a su casa, cierto de que allí estaba el nuevo rey de Israel. Isaí su padre, hizo pasar a sus 7 hijos muy bellos. Eran llenos de cualidades, hábiles, fuertes soldados, aparentemente tenían el perfil real. Afortunadamente la decisión no era humana, ninguno de ellos fue elegido.

Faltaba un hijo, que no fue valorado, ni siquiera por su padre.

Ser menospreciado por los de afuera duele, imagine por aquellos que son queridos por nosotros. Solo puede evaluar eso, quien ya fue ignorado, humillado y rechazado en la vida.
La mayoría de las veces no comprendemos las elecciones del Altísimo, pues nuestra manera de ver y pensar son muy diferentes. No acertamos quien verdaderamente tiene las mejores condiciones. Puede incluso acontecer que los más queridos aquí, sean desconocidos para Él.

¿Sabe aquella clase de servicio que todos necesitan pero a nadie le gusta hacer? ¿Aquello que exige mucho de uno, pero no es visto ni aplaudido por ninguna persona? Ese era el trabajo de David.

Mientras todos salían a sus ilustres puestos de trabajo, él salía a cuidar el redil de la familia. Era muy joven con su cuerpo aún inmaduro, sin la vanidad de los hermanos mayores, pues su oficio exigía quedarse en el campo. Ropas simples, cabellos rojos sin corte y con mucho olor a ovejas y pasto.

En la soledad de las largas horas en los pastos, ocupaba su mente con lo que había aprendido de la Ley. Se entregaba al trabajo y las oraciones. Y allí en medio de la nada empezó su gran talento musical. De su interior fluía la notable belleza de Dios; sus ojos brillantes y su habla llena de sabiduría.

Con él nadie podría competir.

Me lleva a recordar cuántas flores raras, que nacen en medio del barro, pero con una exuberante belleza y aroma inigualable.

David daba la vida por cada ovejita, su amor en cuidar solo de ellas no era visto por los hombres, pero reconocido allá en lo Alto. Al verlo dispuesto a todo para proteger un simple animal y ayudar a su padre, Dios encontró el hombre para cuidar de Su pueblo. ¿Quién dijo que para ser aprobado, se necesita estar por encima de todos? El nuevo rey de Israel estaba escondido detrás de las ovejas, pero fue buscado para el trono.

La costumbre de no esperar a David en las comidas en ese día fue sustituido. Samuel rehusó sentarse en la mesa, mientras él no llegase.

Después, en la presencia de todos, su cabeza recibió el aceite perfumado del santuario, exclusivo para las unciones más sagradas.

En una disputa, más allá de perfeccionarse en lo que usted se propone a hacer, ponga atención en las cualidades interiores. Paz, confianza y equilibrio le mantiene en el objetivo adecuado, aunque todo parezca equivocado a su rededor. A veces ni sabemos, pero siempre somos elegidos o rechazados de alguna manera.

Tenga estructura para eso, y sepa que la verdadera aprobación y honra solo viene de Dios.

Fuente: blogs.universal.org/cristianecardoso/es

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