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Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 1 Corintios 2:14

Lamentablemente, mucha gente no entiende la Palabra de Dios, principalmente en lo que se refiere al sacrificio. Todos quieren tener una vida cómoda, próspera, exitosa, pero no todos están dispuestos a pagar el precio para conquistarla. Muchos no quieren esforzarse, no quieren sacrificar, cuando sin sacrificio no se conquista nada en esta vida.

Las bendiciones de Dios no caen del cielo, las bendiciones se conquistan, y son solamente los que se esfuerzan, los que luchan, renuncian y actúan por la fe en la Palabra de Dios los que pueden conquistarlas.

Aunque el Señor Jesús ya haya venido a este mundo y haya dado Su vida para salvarnos, aun así nosotros tenemos que sacrificar. Él dijo que el Reino de Dios se conquista con violencia, y que solamente los violentos, solamente quienes violentan su propia voluntad para hacer la voluntad de Dios pueden tomar posesión de él.

En las iglesias hay muchas personas buenas, que creen en Dios, pero que no entienden por qué su vida no cambia. Son personas que oran, piden, lloran, que están siempre participando de los cultos, que no se pierden las reuniones dominicales, ¡pero no sucede nada! No hay cambios, no se liberan, no logran alcanzar sus metas. Son personas que viven frustradas, desanimadas, desilusionadas con la vida y que llegan incluso a pensar que Dios no Se preocupa por ellas, que Dios no las ama, o incluso que nacieron para sufrir. Muchas también terminan enfriándose en la fe y apartándose de los caminos de Dios, o van de iglesia en iglesia, como si una iglesia fuese a resolver su problema, ¡no!

Ninguna iglesia o religión puede resolver nuestros problemas, solamente Dios puede hacerlo, mediante una actitud de fe de nuestra parte. La verdad es que nuestro futuro no está en las manos de Dios, de un pastor u obispo, de una religión o de quien quiera que sea, nuestro futuro está en nuestras manos. Porque todo lo que el hombre siembra, lo cosecha, sea bueno o malo. Nosotros cosechamos hoy lo que sembramos ayer, y cosecharemos mañana lo que sembramos hoy, así es la ley de la vida.

Usted puede tener mucha fe en Dios, pero si no pone en práctica su fe, esta no va a traerle ningún resultado, ningún beneficio, porque la fe sin obras es muerta. Y el sacrificio es la mayor expresión de fe. Nuestra vida es el resultado de la ofrenda que ofrecemos a Dios. Jesús dijo que era necesario hacer el sacrificio:

Desde entonces comenzó Jesús a declarar a Sus discípulos que Le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
Entonces Pedro. 
(que era un hombre natural, aunque fuese un discípulo de Jesús, aún no había nacido de nuevo, no había recibido el Espíritu Santo), tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de Ti; en ninguna manera esto Te acontezca. Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de Mí, Satanás!; Me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Mateo 16:21-23

No es que Pedro hubiese tenido un demonio, sino que por ser un hombre natural y carnal, no entendía la importancia del sacrificio. Para él era locura. Siendo así, no fue difícil que Satanás lo inspirara, a fin de intentar impedir que Jesús hiciera el sacrificio que tendría que hacer para la Salvación de la humanidad.

El diablo sabe que el sacrificio es la clave de la victoria, e intenta de todas las maneras impedir que las personas tengan ese entendimiento, que tomen una actitud de fe y que ofrezcan a Dios su perfecto sacrificio.

Por eso, cuando se habla de sacrificio en la iglesia, diversas dudas surgen en la mente de mucha gente. Aparecen pensamientos negativos, pensamientos de malicia. El mal siembra la duda justamente para que la persona tenga miedo a sacrificar y, de esa manera, no conquiste la realización de sus sueños.

Así como el diablo usó a Pedro, usa a amigos, a familiares, a personas muy cercanas e incluso a pastores para traernos palabras de dudas, diciendo que eso es una locura, para que la persona esté entre dos pensamientos, dividida, confundida y que su fe se neutralice.

Es por eso que no debemos consultarle a nadie sobre lo que debemos o no hacer, porque no todos están en la misma fe en la que estamos. Aunque la persona esté dentro de la iglesia, no significa que esté en la misma fe, al contrario, puede incluso ser inspirada por el diablo para generar confusión en nuestra mente.

La fe es un don de Dios, una revelación, es algo personal, algo entre la persona y Dios, y nosotros tenemos que estar bien definidos en nuestra fe para ponerla en acción. Así, el Poder de Dios se manifestará en nuestra vida.

Si el Señor Jesús hubiese dejado de oír la voz de la fe para oír la voz de la duda, la voz de los sentimientos, no habría dado Su vida en sacrificio en la cruz, estaríamos perdidos en nuestros pecados y no hubiera habido Salvación. Sin embargo, aunque la carne fuese débil, el Espíritu estaba preparado.

Me quedo pensando… Cuando el obispo Macedo recibió la revelación de Dios para dejar todo, para sacrificar todo, su empleo, su carrera, sus proyectos personales para llevar el mensaje de Salvación a los perdidos, si hubiese escuchado la voz de amigos, de familiares cercanos – que incluso eran convertidos al Señor Jesús, pero que decían que él estaba loco, que no iba a salir bien, que él no tenía el llamado de Dios, que no tenía la vocación para ser pastor -, ¿qué hubiera sido de millones de personas en todo este mundo? Hoy esas personas salieron de la miseria, de las drogas, de la delincuencia; las familias fueron restauradas; las personas que no tenían a nadie que se interesara por ellas, llenas de traumas, de complejos, en profunda depresión, incluso pensando en el suicidio, hoy están salvas, con sus vidas completamente transformadas y felices viviendo en el Reino de Dios.

La Universal es una obra de la fe, de esta fe sacrificial, y si usted quiere realmente conquistar cosas grandes en su vida y marcar la diferencia, la clave es el sacrificio. Basta que oiga únicamente la voz de la fe y que rechace todas las dudas y pensamientos negativos que se levantan para intentar destruir sus sueños.

Hago la misma pregunta que Elías hizo en el Monte Carmelo: ¿Hasta cuándo claudicaréis entre dos pensamientos?

Fuente: bispomacedo.com.br/es

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