Hasta que el dinero nos separe

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“Ella de noble cuna y yo humilde plebeyo. No es distinta la sangre ni es otro el corazón, Señor por qué los seres, no son de igual valor…”, este antiguo bolero dejó traslucir el dilema que ha representado el amor y el dinero en la relación amorosa. Cuando el tema son las finanzas, hay una dificultad enorme en dejar que el amor hable más alto.

Según una investigación realizada por la psicóloga y profesora de la Universidad de Michigan, Estados Unidos, Terri Orbuch, el dinero es uno de los principales motivadores  de conflicto entre matrimonios. En dicho estudio, el 49% de las personas que estaban  divorciadas dijeron que discutían numerosas veces con sus compañeros, como consecuencia de tener perfiles económicos diferentes y por las mentiras a la hora de usar el dinero. Otro punto fue la tendencia que existe de que el que gana más, quiere controlar al otro. Después de la decepción, seis de cada diez divorciados que comenzaron una nueva relación, prefirieron no juntar las finanzas.

Cuando conoció a su actual marido, con quien está casada hace 2 años, la periodista Marilia Cardoso (foto) se dio cuenta de que el perfil de su esposo era de gastador, diferente al de ella. Proveniente de una cultura de ahorro, ella cuenta que se asustó al ver que Kauê Bochmakian, cuando salía con sus amigos, quería pagarle todo a todos. “Vengo de una familia que guardaba dinero hasta debajo del colchón. Esa forma de manejar el dinero provocó un choque. Nos peleamos muchos por ese motivo”, revela.

Renato y Cristiane Cardoso, presentadores del programa “The Love School – A Escola do Amor”, explican que eso sucede porque muchas personas quieren entrar en el matrimonio y mantenerlo actuando de la misma forma que cuando eran solteros. “Muchos piensan: ella trabaja, yo trabajo, así que yo hago lo que quiero con mi dinero, y no me interesa lo que va a pensar y vice-versa. Ese es un concepto relativamente nuevo, porque algunas décadas atrás era diferente. Antes, todo lo que era de uno también era del otro”, destaca Renato.

Cristiane también explica que ese comportamiento tiende a separar a los dos, ya que en este caso, el amor encuentra un límite al encontrarse con el dinero. Para Cristiane, la solución es que el matrimonio considere lo que entra como la ganancia de una empresa, de esa forma no habrá espacio para el individualismo.

“Cuando nos casamos, estamos formando una empresa. Si usted entra en una sociedad, la empresa tiene una sola cuenta, no tiene una cuenta para el patrón y otra para el empleado. No existe la posibilidad de que el patrón no le pague el sueldo a los empleados para comprarse un auto nuevo. De esa forma debe ser la relación”, explica.

Esta perspectiva, no significa que la persona no tendrá derecho de comprar algo que desea, sino que, lo hará de forma consciente, con control, considerando a otra parte de la relación. “El que es más controlado debe alertar al otro. Pero no espere que la otra persona sea igual a usted. No se estrese respecto a este tema, es mejor que le avise de una manera que su compañero pueda entender lo que está haciendo con su economía y lo que debe hacer al respecto. Es necesario que los dos siempre estén informados y al día sobre el tema, de esa forma eliminarán serios problemas”, aconseja Renato.

Precisamente eso fue lo que hicieron Marília y Kauê para resolver los conflictos de la relación. Primero, decidieron conversar y organizar sus cuentas. Cortaron gastos superfluos y entraron en un acuerdo sobre sus consumos.

“Para mí fue difícil entender lo que era necesario y lo que era superfluo. Yo gastaba en ropa hasta que abrí el juego, respiré profundo y aprendí lo que era realmente necesario. Al principio creí que ella quería quitarme mis placeres, estorbándome más que ayudándome. Hoy yo sé lo que necesito y lo que puedo dejar para más adelante”, concluye Kauê, satisfecho por poder acostarse y dormir tranquilo, sabiendo que está con sus cuentas y su matrimonio al día.

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