Historia de la carreta

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Caminando con su padre en una carretera estaba un niño, cuando de pronto se  detuvimos en una curva y después de un pequeño silencio el padre preguntó:

—Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo más?

El niño agudizo sus oídos y algunos segundos después le respondió:

—Estoy escuchando el ruido de una carreta.

—Eso es, dijo el padre. —Es una carreta vacía.

Preguntó el niño:

—¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aun no la vemos?

Entonces el padre respondió:

—Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace.

Reflexión:

Cuando vemos personas que hablan sin parar, que interrumpen a los demás, que no saben escuchar, que solo presumen de lo que tienen o de lo que saben, en realidad son persona que por dentro están vacías. Recordemos la historia de la carreta: “Cuanto más vacía está, mayor es el ruido que hace”.

En tiempos tan ajetreados y propensos a la saturación de informaciones, la capacidad de escuchar a los demás es una de las mayores virtudes que alguien puede poseer.

Al actuar con prudencia, no se dice todo lo que se piensa; pero sin embargo, si se  piensa todo lo que se dice.

Fuente: obispopauloroberto.com

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