Inteligente para unas cosas, burro para otras

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Sus pies descienden a la muerte; sus pasos conducen al infierno.

¿Cómo puede llevar al infierno una cosa tan buena, tan placentera?

Salomón habla aquí sobre la mujer adúltera. Palabras suaves. Conversación seductora. Ropa provocativa. Perfume hechizante. Manera de ser desvergonzada. Una linda paloma (pomba) que gira y gira y que deja tontos a todos los que la miran.
Es triste ver cuántos hombres han seguido sus pasos. Cuántos han dejado el matrimonio y la vida en la letrina y han corrido a abrazar a la mujer adúltera. Y cuántas mujeres han abrazado a los hombres de la misma índole.

El mal sabe cómo atrapar al ser humano. Desde el Edén usó el placer y la vanidad para alejar al hombre de Dios. Llamó la atención de los ojos de Eva por medio del fruto prohibido. Recurrió a la vanidad haciéndola imaginar cómo sería después de comer el fruto, “convirtiéndose igual a Dios”.

Miles de años ya pasaron, el ser humano evolucionó tanto en la ciencia y en la tecnología, pero permanece burro en lo que se refiere al truco más antiguo del diablo. Aún hoy, cae por la búsqueda del placer y de la vanidad.

Y no es como si Dios no nos diera algo mejor. Cuando Lo obedecemos, ahí sí conocemos el verdadero placer dentro del matrimonio. De hecho nos volvemos como Él, por la obediencia y no por comer el fruto prohibido.

Usted amigo/a que en este momento está siendo seducido por la vieja serpiente para ir atrás de la mujer o del hombre adúltero: ¡despierte! Vea la mentira en la cual está a punto de caer. El placer que piensa que disfrutará, es realmente el camino del infierno.
No sea burro. Sea inteligente en todo, no solo en algunas cosas.

Hijo Mío, está atento a Mi sabiduría, y a Mi inteligencia inclina tu oído, para que guardes consejo, y tus labios conserven la ciencia; porque los labios de la mujer extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite; mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos. Sus pies descienden a la muerte; sus pasos conducen al Seol. Proverbios 5:1-5

Fuente: renatocardoso.com

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