Intimidad en Dios

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Lo que tengo para compartir hoy es algo que me trae mucho temor y alegría, pues creo que, a partir de hoy, ¡tu vida nunca más será la misma!!!

Voy a hablar sobre la INTIMIDAD con Dios, pues percibo que la raíz de muchos problemas está exactamente en la falta de intimidad con Él.

No podemos confundir esto con religiosidad, ¡la diferencia es muy grande!

¿Ya conoces aquel versículo de Apocalipsis 3.16 que dice: “Estoy a punto de vomitarte de mi boca”? Muy fuerte, ¿no es cierto? Yo también creía que era muy fuerte, pero un día entendí el significado de esto en mi vida.

Voy a darles un ejemplo: Cuando estamos con nuestro marido o con una amiga, no sentimos relajados. No necesitamos combinar un horario para conversar, no necesitamos ponernos el despertador para hablar con ellos, ni medir las palabras. Decimos TODO, ¿no es cierto?

Con Dios es lo mismo. Tal vez pienses que para hacer una oración es necesario atenerte a una forma y marcar una hora, pero eso es religiosidad – ¡y la religión hace que la persona esté bien distante de Dios!

Cuando tenemos intimidad con Dios, hablamos con Él todo el tiempo, ¡Él forma parte de nuestra vida en TODO! Y es eso lo que Él quiere: que seamos íntimas con Él.

Pude ver una diferencia muy grande en mi vida cuando me libré de esta religiosidad. Fue así que comencé a tener intimidad con Dios, que es algo ¡ma-ra-vi-llo-so! Podemos conversar con Él en cualquier lugar, en pensamiento – aun cuando estamos conduciendo, caminando, o incluso conversando con una amiga que no para de hablar, jeje.

Sabes, eso es tener comunión con Dios: hablar con Él todo el tiempo. Y no es sólo por unos minutitos o unas horitas, sino incluirlo en todo en nuestras vidas ;-)

Imagina si tuvieses una amiga que tomara cita para hablar contigo, y que siempre ella hablase y repitiese las mismas cosas. ¿Cómo te sentirías? ¿No tendrías ganas de “vomitar”? ¡Cuando Dios me mostró eso nunca más fui la misma!

Si eres una persona vacía y no logras nacer de Dios, tal vez sea porque has sido religiosa. Por eso, no te obsesiones con nada. Sé intima de Dios, deja que Él también hable contigo, deja que Él participe de tu vida.

Cuando tenemos intimidad con Dios, Él nos muestra tantas cosas… Él puede incluso reprendernos, llamarnos la atención, pero es algo muy placentero, ¡porque Dios está hablando directamente con nosotras!!!

La práctica de la intimidad con Dios nos trae un renuevo muy grande a nuestras vidas.

Detente por un instante, piensa en eso, ¡y colócalo en práctica!!! ¡Te garantizo que nunca más serás la misma!

Fuente: cristianecardoso.com

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