Jesús y la mujer samaritana

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“Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.

La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?

Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. San Juan 4:6-14

El Señor Jesús no se refería al agua que todos bebemos, Él estaba hablando del Espíritu Santo que es una fuente de agua viva dentro de uno. Pero esta mujer pensaba que su problema residía en las parejas que ella tenía y creía que al reemplazarlas su situación cambiaría. Pero seguía vacía, sufriendo, decepcionada, triste.

Hoy en día hay personas así, que piensan que la raíz de su problema es la pareja, su trabajo, el país, etc., echando la culpa en todos.

El problema está dentro del ser humano, ejemplo: existen personas que dicen: mi problema es que no tengo una pareja, ¿y aquellos que la tienen y viven debajo de un mismo techo y son como dos enemigos? Yo no tengo dinero ¿y aquellos que lo tienen pero piensan en quitarse la vida? ¿Por qué no son felices? El problema está dentro del ser humano.

Es por está razón, que el Señor Jesús enfatiza que si tomase de esta agua volverá a tener sed. Hay personas que mientras están con los amigos se sienten bien, pero cuando están solas se encuentran angustiadas. Todo por qué hay un vacío. Y esta mujer tenía este problema.

La persona sufre porque existe un vacío, y mientras se encuentre en está situación la persona puede tenerlo todo pero ese vacío nunca terminará, pero si tuviese la presencia de Dios no sufrirá, porque el Espíritu Santo traerá la plenitud a su vida.

Obispo Leandro Queiroz

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