Jesús ya pagó el precio

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Vivimos en un mundo en el que la codicia, la violencia y la muerte acechan a los hombres todos los días. Las personas transitan su existencia como si fuesen muertos vivos. Sus vidas transcurren en la angustia de la incertidumbre. La rutina se vuelve insoportable, los problemas hacen que estén cada vez más sumidos en la desesperación.

La esperanza de una nueva vida es algo de lo que poco se habla, la mayoría aprende a conformarse con su realidad. La desesperación les gana la batalla y muchos optan por dejar de luchar tomando decisiones irreparables que destruyen sus vidas.

Dios hizo posible que el hombre pueda tener acceso a una vida bendecida y también a la vida eterna a través del sacrificio de Su Hijo. Con Su muerte y resurrección hizo que tuviéramos la posibilidad de buscarlo para alcanzar la Salvación eterna y que podamos dar testimonio de Su poder aquí en la Tierra.

La Semana Santa es un momento muy especial del año porque conmemoramos el sacrificio que el Hijo de Dios hizo en la cruz, es un momento en que se renuevan las esperanzas de aquellos que están desesperados por una solución para sus vidas.

En su blog, el obispo Macedo se refiere a este momento del año, y explica: “La Pascua, también conocida como Pésaj en hebreo, significa literalmente ‘paso’ (Éxodo 12:13, 23, 27). La primera ceremonia sucedió hace cerca de 3500 años en Egipto, y es conmemorada todos los años por el pueblo judío en el tercero o cuarto mes, como recordatorio del cautiverio egipcio.

El Altísimo se refirió a este como el principal de todos los meses porque se trataba de una redención, el renacimiento para una nueva vida, por medio de la liberación.

La fecha era el décimo cuarto día del primer mes de Nisán, en el comienzo de la primavera cuando sucedía una verdadera renovación de la vida y de la naturaleza. Mediante la Acción Divina, los hebreos abandonarían su vieja vida, para comenzar una de buenos frutos.

En cuanto a nosotros, los cristianos, la Pascua es celebrada entre marzo y abril. Egipto sufría afligido por las plagas, y antes de que llegara la décima y última de ellas, el Altísimo le dijo a Moisés y a Aarón que cada familia tomase un cordero macho, de un año de edad y sin defecto, para sacrificarlo al atardecer.

La sangre del animal debería ser rociada en los umbrales y en los marcos de las puertas para que los primogénitos de las familias de Israel fueran protegidos. El cordero inmolado debía ser perfecto, acompañado por el pan sin levadura, significando la separación del pecado, de la corrupción y del mal. Otro elemento que formaba parte de la cena eran las hierbas amargas, que simbolizaban los años de sufrimiento de los israelitas en la esclavitud de Egipto.

La orden Divina era que las familias comiesen la cena de la Pascua vestidos y calzados como señal de que todos estaban listos para partir.

El ángel de la muerte pasó y mató a todos los primogénitos egipcios, pero al ver la sangre en la puerta de los hebreos, no los hirió.

Años más tarde, el Dios Padre entregó un nuevo Cordero, Su Propio Hijo, dando un nuevo significado a la Pascua. El Señor Jesús Se tornó el Único ‘Pasaje’ para la Salvación (Juan 1:29). Sin Él nadie llega al Padre.

Antes de que el Señor fuera crucificado, invitó a Sus discípulos a participar de una cena. La Pascua celebrada por el Maestro fue más significativa. A través de Su carne y de Su sangre nacería una nación de justificados en todo el mundo. Así se instituyó la celebración cristiana más importante, sagrada y que debe ser conmemorada en nombre de Cristo hasta Su regreso: la Santa Cena.

El Señor Jesús fue preso y crucificado exactamente en el mes de Nisán, durante la semana de la fiesta, Él fue el Cordero pascual definitivo, toda Su sangre hizo expiación. Su carne serviría de alimento ante el amargo sufrimiento. Él cumplió con Su Palabra, sufrió, murió y resucitó. Esa es la mayor noticia que la humanidad podría recibir.

En el éxodo de los hebreos hubo liberación física, sin embargo el éxodo de nuestros días promueve la mayor liberación de todas: la espiritual.

Todo el que se entrega al Señor Jesús, en obediencia, comienza una nueva historia. El pasado de sufrimiento es solo un recuerdo. De ahí en adelante, nuevo calendario, nueva vida, nuevas oportunidades”.

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