¿Joven fracasada?

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No es que ella no tuviera sueños. En realidad, tuvo y hasta luchó en función de muchos de ellos. Sin embargo, por causa de las muchas distracciones que la rodeaban, terminó desanimándose y sus sueños se fueron por la alcantarilla. Hoy es una fracasada, aunque no lo admita. Piensa que es el centro de atención, como su belleza fascinante y la admiración de las personas que la rodean… Pero hay momentos – que  solo ella conoce- en que se siente vacía y triste, como si nada más valiera la pena.

Esta ha sido la vida de muchas jóvenes. Tienen tanto potencial y talento que cualquier persona diría que tienen todo para ser exitosas con Dios al lado de ellas. Sin embargo, todo lo que tienen al lado son el mundo y sus muchos atractivos. Diversión es todo lo que quieren y buscan en la vida.  Gastan el tiempo con cosas que no añaden nada a la vida espiritual, como: fiestas, cine, música, Internet, juegos y novios. Tal vez sea un poco ruda diciendo que ellas son “fracasadas”, pero piensa bien: si tú gastas la mayor parte de tu tiempo con cosas vanas, ¿qué se puede decir respecto a ti? ¿Realmente crees que estás en el camino del éxito?

¡El éxito se conquista, no cae del cielo! Lo que somos hoy es el resultado de lo que fuimos e hicimos en el pasado. Por eso, si lo que fuimos e hicimos fue vano, sólo podemos espera una vida vacía y triste. “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios. Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad. Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento” (Eclesiastés 11:9,10; 12:1)

La adolescencia es como una escuela, donde aprendemos lo que es bueno y lo que es malo y nos preparamos para su vida adulta. Si piensas como la mayoría de las otras jóvenes, entonces usarás tu adolescencia para divertirte. Y, más adelante, cuando seas adulta, serás exactamente como las otras adultas: triste, sola, llena de sentimiento de culpa por tu pasado ¡y con la sensación de que desperdiciaste toda tu vida!

Alégrate por ser joven aún y poder aprender fácilmente. Aprovecha para construir un buen comienzo a fin de que, tanto en el medio como en el final de tu vida, puedas recoger buenos frutos. Planea tu futuro con sabiduría y no desperdicies tiempo y energía con cosas que no añaden nada a tu vida. Alégrate en tu juventud, invierte en tu vida espiritual, prepárate para el futuro y para cuando vengan las dificultades. Prepárate para una relación que dure el resto de la vida. ¿Por qué desperdiciar esta oportunidad? Piensa bien. Pero si aún así, decidieras desperdiciar tu juventud, sólo recuerda de culparte a ti misma por tus fracasos, pues fuiste tú quien decidió seguir a la multitud, buscando el camino más fácil y la diversión temporaria.

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