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Día tras día, los casos de violencia gratuita practicada por los jóvenes se volvieron más comunes. Pero, ¿por qué reaccionan así? ¿De quién es la culpa? La psicóloga clínica Lea Michaan señala lo que los padres deben observar en los hijos y si el comportamiento de ellos puede revelar que serán violentos en el futuro.

¿A qué se debe que los jóvenes estén cada vez más agresivos?

Podemos pensar en algunas posibilidades:

1- El adolescente aún no tiene una mente formada y, por lo tanto, es inseguro. Agredir al otro es una manera de autoafirmarse y sentirse superior ante la persona que agrede, sea verbal o, incluso, físicamente.

2- Los adolescentes sienten una necesidad enorme de exhibirse ante sus compañeros y una forma muy usada es burlarse de los demás.

3- El adolescente necesita ejercer distintos papeles para encontrarse y descubrir quién es. Ser “malvado” es parte del libreto. Así se siente, falsamente, valiente y fuerte.

4- Al no tener una mente formada e ideas propias, si el grupo de amigos opta por ser agresivo, el joven se adhiere, sin pensar en las consecuencias. Sin embargo, el factor realmente predominante es que la familia tiene un peso fundamental en la conducta de los jóvenes. Muchos padres cierran los ojos cuando llega el momento de educar a un hijo, no marcan límites y el resultado de eso es lo que vemos en nuestra sociedad.

¿Los padres están muy permisivos?

Ser padre y madre es una de las tareas más difíciles que existen, porque exige un alto nivel de sentido común. Dependiendo de lo que se trate, los padres necesitan ser duros, tolerantes, flexibles y por ahí va. El camino de piedras para ser buenos padres de adolescentes es desarrollar la capacidad de escuchar. Escuchar activamente les permite a los padres demostrar que entienden lo que su hijo dice. Una escucha en la que puedan inclusive identificarse con él, recordando la época en la que ellos eran jóvenes. Validar los sentimientos de sus hijos, no restarles importancia. Sin embargo, deben recordar que legitimar los sentimientos de los hijos, no significa estar de acuerdo con sus ideas. Significa que los padres toman en serio a sus hijos, pero ellos aun necesitan ser orientados. Una vez que un hijo se siente estimulado a conversar con sus padres, porque ellos lo escuchan y lo toman en serio, también sucederá a la inversa, es decir, el hijo estará abierto a escuchar a los padres y también los tomará en serio.

¿A partir de qué momento la familia debe establecer límites a sus hijos?

Siempre. Con amor y cautela. Los límites deben marcarse de manera que su hijo sienta que esta medida es para su protección, educación y hecha con amor. No sirve que los padres quieran dar amor o educar a su hijo cuando fuera grande o transferir ese papel a otra persona. Eso se hace día a día, desde que el hijo es pequeño.

¿Cuáles son las señales de que su hijo puede volverse violento en la calle o en la escuela?

Cuando son muy violentos en casa. Si eso sucede es porque los padres son agresivos o porque nunca les marcaron límites a sus hijos, llegando al punto de ser negligentes y sus hijos están pidiendo tales límites a través de su violento comportamiento. Expresar violencia contra amigos y familiares, y actuar sin sentirse culpable, son fuertes indicios de que habrá problemas futuros.

Para quien ya registró actitudes sospechosas ¿Cómo proceder?

Buscar a un profesional capacitado para comprender lo que sucede en el mundo interior del niño o del joven agresivo y ayudarlo a encontrar medios para canalizar esa agresividad de una manera posible con deportes o conversaciones, por ejemplo.

Por lo general la sociedad dice que le corresponde a la escuela educar a su hijo ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿No deberían ser los padres, los primeros en dar el ejemplo?

Que quede bien en claro que la escuela es responsable de la enseñanza y los padres de la educación. Recuerde, los padres son ejemplos para sus hijos, a fin de cuentas, ¡la fruta nunca cae muy lejos del árbol! Por lo tanto, el hijo primero convive con los padres, con ellos y en ellos se reflejará en primer lugar. Les corresponde a los padres el papel de educar a sus hijos. Culpar a la escuela o a los demás es eximirse de cualquier responsabilidad.

¿Algo para añadir?

La manera en que los jóvenes fueron criados será el registro para criar a su propia familia. La agresividad, o el amor y respeto en la familia es algo que pasa de generación en generación. Una familia que transmite amor al tomar en serio a sus hijos, comprenderlos y proporcionarles buenas experiencias, no desarrollará en los jóvenes el odio y la agresividad. En un ambiente familiar en que el amor predomina, los hijos desarrollan el sentimiento de respeto, consideración y gratitud a la vida. Resultan más satisfechos y felices.

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