Juan 16: No se olvide de la mujer embarazada

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Aún bajo la luna llena, en el Jardín de los Olivos, Jesús sigue confortando a los discípulos y preparándolos para los tiempos difíciles que muy pronto empezarían. No era para menos. Los discípulos habían dejado todo para seguir a Jesús. Trabajo, familia, amigos… La esperanza de ellos era una victoria triunfante del Mesías sobre los enemigos de Dios, la restauración de Israel del jugo romano.

En vez de esto, verían a su Maestro ser preso, maltratado, condenado y crucificado como si no tuviera ningún poder. Y sus nombres en la lista negra de los judíos y romanos. Se tornarían odiados y perseguidos como el propio Maestro. Tendrían que entender, finalmente, que el reino que Jesús vino a establecer no era político, sino espiritual. Entonces, ellos, verdaderamente, necesitaban ánimo.

¿Cómo Jesús les ofreció esta valentía? Usando el contraste. Déjenme explicarlo.

Las palabras de Jesús en este capítulo están llenas de contrastes para ilustrar que algo doloroso, malo y triste tenían que suceder para, entonces, traer algo mucho mejor.

  • Si Yo no me voy, el Auxiliador (Espíritu Santo) no vendrá
  • Dentro de poco tiempo ustedes ya no van a Verme más: pero, poco después, nuevamente Me verán
  • Ustedes van a llorar y se quedarán tristes, las personas del mundo se alegrarán, pero su tristeza se tornará alegría.
  • En el mundo ustedes sufrirán, pero sean fuertes y valientes porque Yo vencí al mundo

Para ilustrar esta gran lección, Jesús utiliza el ejemplo de la mujer embarazada:

Cuando una mujer embarazada está dando a luz, sufre en ese momento. Pero una vez que nace el bebé, la madre olvida todo el sufrimiento, y se alegra porque ha traído un niño al mundo. (v.21)

Este es el gran secreto de la fe y del éxito. En una palabra: sacrificio. No hay como alcanzar algo muy bueno, una gran alegría, sin abrir mano de algo para pagar el precio. El propio Señor Jesús estaba pasando por este mismo proceso: ser sacrificado para alcanzar la salvación de todos los que creen. Ni Él pudo escaparse de esta ley fija para el éxito.

Por esto, Él intenta, en este capítulo, imprimir esta verdad en los corazones de los discípulos: “Ustedes van a pasar malos momentos, días difíciles, pero si perseveran y no pierden la fe en Mí, el Espíritu Santo les guiará a la victoria.”

Estas palabras son tan verdaderas para nosotros hoy como fueran para ellos allá en el Getsemaní. Quizás usted esté disfrutando del éxito que pagó con su sacrificio. O está en medio del sacrificio luchando para alcanzar el éxito.

¡Coraje!¡Fuerza! No desista en medio del dolor.

El dolor es inevitable. La diferencia está en lo que usted hace de ella: su tumba o su resurrección.

Obispo Renato Cardoso

 

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