No juegues al escondite

escondite

Quien quiere aparecer para los hombres, es porque ya desapareció para Dios. La humildad nos hace aparecer para Dios, pero eso tiene el coste de que desaparezcamos para los hombres.

“Ahora Dios me ve, ahora Él no me ve…”, parece un juego de niños, pero, todavía, existe un gran número de personas que hacen este tipo de juegos con Dios.

¿Y cuándo empieza este juego? Habitualmente, este juego es unilateral, pues es la propia persona que elige desaparecer o aparecer. ¿Y cuándo ocurre esto? Pues bien, observa las reglas:

Cuando eliges aparecer para tus semejantes, los demás seres humanos, procurando ambiciosamente recibir honores, reconocimiento y enorgulleciéndote de eso, es ahí donde, automáticamente, acabas desapareciendo para Dios.

Y cuando eres HUMILDE, haces tu papel de madre/padre, esposa/marido, hijo/a, profesional, cristiano, etc., dando tu mejor en todo lo que haces, para los hombres y para Dios, revelando siempre honestidad, sinceridad y apertura para el aprendizaje, entonces, APARECES, tu visibilidad para Dios es notoria (y lo sabes en tu corazón y espíritu), aunque para tus semejantes seas insignificante.

Quien tiene la conciencia de tal realidad, sabe quien es, como ser humano y cristiano, sabe hacer la lectura de las distintas situaciones y sabe definir, de forma consciente, sus prioridades.

“Vosotros mismos sois testimonios de lo que os dije: yo no soy el Cristo, pero fui enviado como Su precursos. Lo que tiene la novia es el Novio, el amigo del Novio que está presente y que Le oye se regocija a causa de la Voz del Novio. Pues tal alegría ya se cumplió en mí. Conviene, por tanto, que Él Crezca y que yo disminuya.” JB

¡Te veo en Familia Unida o en las nubes!

Obispo Julio Freitas

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