La bendición generación tras generación

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Casi nadie se detiene a pensar en la gran cantidad y variedad de decisiones que toma cada día. Sin embargo, lo que decidamos hoy afectará a nuestros hijos, nietos y generaciones futuras. Muchas veces pensamos solamente en el aquí y el ahora.

El problema con esta clase de pensamiento es que no sólo le lastima a sí mismo, sino que hace que para quienes vengan detrás de usted la vida sea más difícil. Las cosas que nosotros no vencemos, los problemas que dejamos sobre la mesa, pasarán a la siguiente generación.

Ninguna persona, sea hombre o mujer, vive y muere sólo para sí mismo. Tanto los buenos hábitos como las malas decisiones, las adicciones, malas actitudes y pensamientos erróneos, pasan a la siguiente generación. Sin embargo, la buena noticia es que toda buena decisión que tomemos, toda tentación que resistimos, toda vez que honremos a Dios y hagamos lo que es correcto, no sólo nos eleva sino que también hace que para las generaciones siguientes la vida sea un poquito más fácil.

Piense en esto: cada uno de nosotros tiene una cuenta bancaria espiritual. Según sea nuestra manera de vivir, estaremos acumulando capital o acumulando pecados. El capital sería todo lo bueno: nuestra integridad, nuestra determinación, nuestra santidad. Eso acumula bendiciones.

Por otro lado, los pecados incluyen nuestros malos hábitos, adicciones, egoísmo, falta de disciplina. Todas esas cosas, sean buenas o malas, pasarán a las generaciones futuras.

Vea la vida como si fuera una maratón que corre nuestra familia. Cuando llegue al punto donde deba entregar el bastón a sus hijos, en ese bastón estará su ADN físico, como el color de cabello, altura y peso, y también su ADN espiritual y emocional, que incluirá sus tendencias, actitudes, hábitos y pensamientos. Nuestros hijos tomarán el bastón, correrán algunas vueltas y luego lo entregarán a sus hijos. Y así seguirá la maratón, con cada vuelta que se corre. Si se corre con obediencia, propósito e integridad, esa vuelta podrá ser aprovechada por quienes vengan detrás. En cierto sentido las vueltas que corramos bien ponen a las generaciones venideras un paso más adelante en el camino hacia la victoria.

No quiera que su vida se vea pequeña por el egoísmo, las adicciones o los malos hábitos. Quiera que todo lo que hay hoy en su vida les haga más fácil la existencia a quienes vengan detrás de usted.

Aunque no tenga hijos, va a continuar su legado a través de las personas en quienes influya. Sus hábitos, actitudes y principios serán pasados a alguien.

Tenemos que entender que las generaciones están conectadas. Está sembrando semillas para las generaciones futuras. Lo vea o no, todo lo que haga tiene importancia y cuenta porque cada vez que persevera, cada vez que es fiel, está marcando una diferencia. Está acumulando capital en su “cuenta generacional”.

Es fácil pensar: “Bueno, sólo soy un comerciante”, o “Soy sólo ama de casa”, o “Soy madre soltera y tengo que trabajar. No voy a lograr nada grandioso. Seamos realistas”

Sin embargo, digo que tiene que aprender a pensar más allá, en las generaciones que vendrán. El hecho de que trabaje duro, sea fiel a su cónyuge y a su familia, que lo entrega todo, implica que siembra semillas para quienes vengan detrás de usted. Quizá no vea que nada de esto suceda durante su vida. Es posible que la semilla que plante hoy será para su hijo o su nieto, que sí lograrán algo grande. No se desaliente. Se trata de su legado. No es su vida la que cambia, ¡sino su árbol genealógico!

Cuando vive con excelencia, esforzándose siempre un poco más, es posible que nadie lo note. Puede parecer que no cosecha ninguno de los beneficios, pero recuerde esto: en el linaje formado en su ADN queda impresa, su fortaleza, su decisión, su espíritu de excelencia. Y pasará a las generaciones futuras. Está marcando una diferencia.

Recuerde que cada vuelta que corremos es una vuelta menos que tendrán que correr quienes nos sucedan. Cada día en que se mantiene fiel, cada prueba que pase, cada obstáculo que venza, significa que acumula capital y bendiciones para las generaciones futuras. Está facilitando las cosas para sus hijos y sus nietos. Su sueño quizá no se concrete tal y cual lo espera, pero la semilla que siembra podrá dar fruto para que cosechen sus hijos.

La pregunta es: ¿Acepta pagar el precio, para que sus hijos y nietos y las generaciones futuras puedan llegar más alto, lograr más que usted? Si acepta, no habrá nada que le haga más feliz que ver que sus hijos logran más y llegan más lejos de lo que imaginó posible para usted. O ver que sus nietos pueden ir más allá de lo que soñó para su vida.

Obispo Agnaldo Silva

 

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