¿La crisis de la mediana edad existe?

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Mucho se escucha sobre la crisis de la mediana edad, principalmente cuando llegamos a los 30. Sin embargo, ¿es verdad que se necesita alcanzar una etapa de la vida para pensar en nuestras actitudes, encarar las expectativas y enfrentar los nuevos desafíos?

La asesora de comunicación Carina Gonçalces, de 32 años, garantiza que fue en esa etapa que sintió la necesidad de cambiar cosas en su vida profesional, sin abandonar su área de acción, sino hacer algo que le trajera más satisfacción personal, como, por ejemplo, trabajar en la educación infantil.

“Yo me cuestioné si lo que estaba haciendo era lo que quería para el resto de mi vida. Me esforzaba, pues cuando asumía un compromiso, me empeñaba y me gustaba ser una de las mejores profesionales del equipo. Sin embargo no era totalmente feliz. Hasta que logré reunir mi profesión con el amor por la educación infantil, y hoy presto servicio de comunicación en una unidad escolar, lidiando directamente con los niños”, cuenta Carina.

Para la psicoterapeuta y orientadora profesional Yara Kilsztajn las crisis existen, pero no son puntos tachados en la vida de una persona. Son preguntas que aparecen a lo largo de la historia de cada uno.

“Una crisis de la mediana edad que la persona vive hoy es diferente de las generaciones anteriores. Porque hoy los procesos son más prolongados, la inserción en el mercado laboral es un poco más tarde, el casamiento es una decisión más pensada. Sin embargo, aún así existe cierta presión de la sociedad, por parte del ámbito profesional, si está trabajando y alcanzó el éxito, o sobre la cuestión del casamiento y la maternidad/paternidad, a pesar de que muchas parejas no piensan tener hijos actualmente”, señala Yara.

Madurez

La madurez es un proceso constante, por eso no hay porqué dejar todo para el último momento, esperar los 40, 50 o 60 años para tomar grandes decisiones. No necesariamente una persona de 30 hace mejores elecciones que una de 20 o peores que una de 40. Lo que no podemos hacer es procrastinar nuestras decisiones, y dejar las elecciones para más tarde, usando la inmadurez (y la búsqueda de madurez) como excusa.

“No es la edad la que va a determinar eso. Sino todo un conjunto de valores de la persona, su fe y sus experiencias a lo largo de la vida, eso sí va a dirigir sus elecciones”, concluye Yara.

 

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