La experiencia produce esperanza

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“Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza…”, (Romanos 5:3-4).

¿Quién no tiene problemas? Cada uno de nosotros pasa por ellos en algún momento de la vida, porque no se pueden borrar o evitar. Nosotros necesitamos vivir cada uno de ellos.

Algunos preguntan: “¿Dios, por qué estoy pasando por esto? Yo no lo necesito, ya soy lo suficientemente bueno, ya creo en Ti.” Pero no es eso lo que la Palabra nos enseña.

Este pasaje de Romanos dice que los problemas producen perseverancia. Pero, ¿cómo sucede eso?

Si usted ya pasó por un problema o está pasando por uno, sepa que se necesita paciencia y mano firme. No se puede resolver algo de un momento para el otro, hay que persistir, insistir en resolverlo. Y, aunque usted desista de él, un día regresará – a veces más grande – y usted no tendrá escapatoria, tendrá que poner “manos a la obra”.

La definición de la palabra “problema” dice todo: es una dificultad en la obtención de un determinado objetivo. Eso quiere decir que tendrá que pasar por él, para tener nuevas experiencias y así encontrar el camino de la solución.

¿Y la esperanza?

Parece contradictorio decir que vivir un problema produce esperanza, pero causa varias experiencias que muestran que es posible pasar por la dificultad y sobrevivir. Pero, ¿cómo es eso? Cuando resolvemos algo que estaba pendiente, por ejemplo, una deuda impaga; al encontrar el recibo recordamos lo difícil que fue pagarla, pero ese sufrimiento pasó. En ese momento, llega el alivio.

Al mirar hacia atrás podemos llegar a la siguiente conclusión: “¡Cómo crecí!” Eso quiere decir que usted se hizo más fuerte y más maduro, después de pasar por cada uno de los problemas de su vida. Es eso lo que Dios quiere: que usted se vuelva más fuerte, un ser humano mejor, lleno de experiencias y esperanza después de pasar por nuevas dificultades, porque ya sabe que es posible atravesar cualquier barrera.

“… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” 2 Corintios 12:10. Este versículo completa al primero. Cuando pensamos que no vamos a poder resolver algún problema, pasar por alguna dificultad, y nos sentimos débiles e incapaces, en ese momento es que somos fuertes, porque pasaremos por ese problema y saldremos aún más perseverantes, esperanzados y un ser humano mucho mejor.

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