La falta de constancia impide la victoria

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“Cuando Eliseo se enfermó con la enfermedad[a] de la cual había de morir, Jeoás, rey de Israel, descendió a él y lloró sobre su rostro, y dijo: ¡Padre mío, padre mío, los carros de Israel y sus hombres de a caballo!” (2 Reyes 13.14). Este rey era un hombre emotivo y sentimental, y buscaba dar pena a Dios. Y el hombre de Dios, también con emoción, puso la mano sobre la cabeza de él y dijo: “Ah, hijo mío, no estés así, todo saldrá bien”.

¿Fue eso lo que hizo? ¡No, porque el hombre de Dios no pasa la mano en la cabeza de nadie! ¡El pastor que pasa la mano sobre tu cabeza no es un hombre de Dios, sino que apenas tiene el título de Pastor! Y aquí, en la Universal, nadie pasa la mano sobre tu cabeza, aquí se habla la verdad y en la cara, porque si vienes a Familia Unida, tienes que venir por Dios, y no por el hombre. El pastor que pasa la mano sobre la cabeza de los demás tiene otra intención, que es la de hacerte hijo/a de él, y ese cuando se desvía o cae, acaba por arrastrarte también. Pero, infelizmente, lo que es de ellos está preparado y existe un lugar especial en el infierno para los falsos profetas, para esos Pastores carnales, para esos hipócritas. ¡Cuando vienes con un sentimiento, el hombre de Dios tiene que ir con la fe!

“Y Eliseo le dijo: Toma un arco y flechas. Y él tomó[a] un arco y flechas.” (2 Reyes 13.15). ¿Para qué sirve un arco y las flechas? ¡Para la guerra! Tal vez te escondas detrás de un título, o que eres leproso, eres joven, sin experiencia o que no tienes familia. ¿Y Dios? ¿No cuenta? ¿Y la iglesia que es nuestra madre espiritual? ¿Tampoco cuenta? Jefté fue rechazado por sus hermanos de sangre, porque era hijo de una prostituta, siendo hasta incluso rechazado por su propia madre, pero ni por esas llegó a ser un bandido o un derrotado. ¿Qué hizo él? ¿Guardó rencor en su corazón, o rabia, cogió una espada y mató a todos sus hermanos, incluso a su padre? ¡No! Eso era problema de ellos con Dios, él supo guardar su corazón y vivió su fe. ¿Y quién fue Jefté? Fue un juez de Israel.

¡Entonces, quién es de guerra vence, ya que es constante! Muchos perdieron la guerra, porque perdieron las batallas, y muchos ganaron una batalla, pensado que ya habían ganando la guerra. No hagas eso, ¡no! Porque para que ganes la guerra, tienes que ganar o vencer las batallas. Puedes incluso perder una, dos, pero tienes que ganar la mayoría. Existen persona que por falta de constancia en lo que hacen a Dios, pierden las oportunidades de realizar sus sueños, de superar sus debilidades, de ser un mejor padre o madre, de ser un ejemplo para esta nación que grita por socorro… Y el socorro que tiene que ser dado a esta nación es un ejemplo de vida y somos nosotros que tenemos que hacer esto.

Es responsabilidad nuestra, porque los reyes de este país, igual que los del mundo, están llorando, llamado como padre a los demás y tratando de tocar en la sensibilidad de las personas, para que estas tengan pena. ¿y qué es lo que haces por alguien que tiene pena? Das una limosna, las sobras, una manita… Dios no da una manita a nadie, ¡no! Incluso porque la mano de Dios no es una manita, es una mano fuerte.

“Entonces dijo al rey de Israel: Pon tu mano en el arco. Y él puso su mano sobre el arco; entonces Eliseo colocó sus manos sobre las manos del rey.”
(2 Reyes 13.16).

Eliseo estaba enfermo y a punto de morir, pero estaba en la fe. Entonces, ¿el hombre de Dios cogió el arco y las flechas, abrió la ventana y entesó el arco por él? ¡No! En otras palabras, el hombre de dios muestra y habla lo que tienes que hacer, pero no puede hacer lo que debes hacer. Él no puede ser honesto, leal, trabajar, sacrificar y alabar a Dios por ti, porque eres tú quién tiene que hacerlo. Eres tú quién tiene que hacer su parte, porque, sino, quedarás sólo con el título de rey, es decir, con el título de cristiano, de marido, de hijo, de padre o de ciudadano, pero llorando, derrotado y fracasado. ¿Es eso lo que Dios quiere? ¡No!

Fuente: juliofreitas.com/es

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