La familia del hombre de Dios

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Todos los hombres que fueron llamados por Dios para realizar un gran obra tenían en su familia la base fundamental de esa obra. Abraham no es sólo un ejemplo de fe sino también de amor y fidelidad a su esposa Sara, hasta su muerte.

El siervo de Dios cuya familia no está encuadrada perfectamente dentro del proyecto que el Señor le confió, jamás podrá servir plenamente a los propósitos de este proyecto. No se puede realizar un trabajo para el Señor con la familia dividida. No se puede nunca separar la familia de la obra de Dios, ya que ella es la propia base de esa obra.

La cosa más importante después de la conversión sellada con el Espíritu Santo es la constitución de la familia. Nada puede ser más importante para el cristiano que su familia, ¡cuánto más para el hombre de Dios!

Muchos cristianos sinceros han cometido un gran error porque han colocado el siguiente orden de importancia en sus vidas:

1) Dios,

2) La obra de Dios, y

3) Su familia.

De hecho, este orden de valores no solamente es contrario a la voluntad de Dios, sino que también arriesga toda la obra que sus servidores pretenden realizar para Él. Y, ésta es justamente la idea que el diablo ha divulgado entre los cristianos sinceros que tanto desean hacer la obra de Dios, que en su afán de querer salvar muchas almas, se olvidan de su propia vida familiar para entregarse en cuerpo, alma, y espíritu, obedeciendo la orden del Señor Jesús sobre la evangelización.

Y está claro que el diablo, que sabe que puede significar un desastre en su reino y como no puede tocar en sus vidas, se ha aprovechado de la sinceridad de ellos, y así sopla este pensamiento, que en apariencia es absolutamente correcto, pero que en el fondo no deja de ser un gran engaño, pues sabe muy bien que cuando la familia cristiana va mal, todo el trabajo de los miembros de aquella familia también va mal.

Es obvio que si el obrero coloca la obra de Dios por encima de su propia familia, entonces su familia deja de ser parte de la propia obra que él realiza para Dios. ¡Es lógico! Si yo coloco mi trabajo por encima de mi familia, entonces mi familia se queda por debajo de mi trabajo. ¡Y es justamente eso lo que el diablo más desea! Él quiere que mi familia se quede fuera de mi trabajo.

Si mi trabajo es para Dios y mi familia se queda fuera de Él o en un segundo plano, es cierto también que el diablo va a procurar crear problemas en ella de manera que me afecte con la falta de paz o que “consiga otra familia” dentro de mi trabajo, justamente para ahí crear confusión dentro de la obra de Dios, y a través de la decepción, disgregar a aquellos que ya se estaban desarrollando en la fe cristiana, haciéndolos, inclusive, estar vacunados contra la obra de Dios.

Ahí está la razón por la que muchas iglesias han estado debilitadas y hasta incluso totalmente desvirtuadas de la sana doctrina de la Palabra de Dios, pues sus líderes, dejándose llevar por la obra que realizan, y no dando la atención necesaria a su familia, especialmente a su relación conyugal, acaban cometiendo adulterio y así tienen sus respectivas familias disueltas, pierden la visión de la voluntad de Dios y lo que es peor: plantan simientes de hierbas dañinas por donde pasan. Es por eso que la Iglesia del Señor Jesucristo es hoy una caricatura de la Iglesia Primitiva.

El hombre de Dios tiene que tener en su familia la base de la obra que él realiza para Dios, de manera que el orden de valores queda así:

1) DIOS,

2) SU FAMILIA, y

3) LA OBRA DE DIOS.

Si este orden no es observado, entonces, tarde o temprano, el obrero fatalmente caerá en la trampa del diablo y jamás será el instrumento que Dios desea y le gustaría que fuese.

 

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