La familia en Dios

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“Al encontrar una familia, tenemos el mayor bien que existe sobre la faz de la tierra y ya poseemos más de la mitad del tesoro que existe en este mundo, pues hay respeto, amor verdadero, comprensión y sacrificio de ambas partes. Pero, si usted no tiene este tipo de familia, puede tener todo el dinero del mundo y continuará siendo pobre y sin felicidad.”

Las palabras citadas pertenecen al obispo Edir Macedo, la frase fue extraída de una reunión reciente que tuvo lugar en Portugal.

El líder de la Iglesia Universal señaló que por el tesoro que significa la familia debe ser mantenida, conservada, cuidada y, sobretodo en el sentido espiritual, defendida. De lo que poseemos en nuestra vida terrena, es lo más precioso.

Mucho se habló en nuestro y en las reuniones de la Universal sobre cómo debe ser el comportamiento de un miembro de una familia, ya sea del padre, de la madre o del hijo. Cada uno es una pieza importante de un mecanismo complejo y, ante el menor defecto de uno de ellos, todo el aparato deja de funcionar satisfactoriamente. Una familia no puede tener un funcionamiento, una vida ”a medias”. La felicidad es un ítem imprescindible.

El mundo y el enemigo actúan todo el tiempo para que la institución de la familia se desmorone. ¿Por qué?

Porque en ella está el comienzo de nuestra vida en la Tierra. En su núcleo aprendemos (o deberíamos aprender…) las reglas de convivencia que nos permitirán relacionarnos fuera de la esfera familiar. Aprendemos allí lo que es una vida con Dios – si los padres ya lo tienen se la trasmitirán a sus retoños-. Una familia debidamente fundamentada en el Señor Jesús le da a sus miembros una estructura fuerte que los ayudará en la vida física, psicológica y espiritual.

Por eso existe el ataque a quien es considerada la célula-mater de la sociedad. Es en la familia que todo comienza. Debilitando la base, toda la estructura cae. Y las personas desestructuradas son el elemento ideal para la decadencia mundana, que devora sus vidas y los entrega en bandeja al enemigo.

La sabiduría Divina siempre nos sorprende. Con todo el poder de Dios que Jesús tenía, el Padre hizo que el Hijo naciera entre los humanos en una familia dedicada. María y José tuvieron una enorme responsabilidad, fueron escogidos para enseñar los primeros pasos a un bebé destinado a ser el propio Salvador de todos nosotros. Jesús tuvo que ser obediente y respetuoso con sus padres terrenos, antes de predicarle a los demás que obedezcan al Padre de las Luces. Nadie puede querer mandar si no sabe. Primero, obedecer. Por eso, no siempre un jefe es un líder.

Fue con María y José que Jesús aprendió a depender de alguien para ser alimentado, abrigado, protegido. Ellos le enseñaron las primeras palabras. Lo orientaron sobre la educación al tratar con la comunidad. Le dieron tareas en su casa – Jesús llegó a aprender con José a ser un óptimo carpintero, ayudándolo en su oficio, enseñándole la responsabilidad y el valor del trabajo que proporciona el sustento.

Aquel matrimonio simple de Nazaret hizo que el propio Mesías entendiera mejor la diferencia que hace en la vida de alguien, una familia bien constituida.

Dios podría haber incluido esa información en la mente de Jesús, instantáneamente. Podría haber mandado a la Tierra un Mesías ya listo, preparado, pues poder para eso Él tiene de sobra. Sin embargo, prefirió que nuestro Salvador viniera al mundo frágil, como un bebé, aprendiendo desde sus primeros segundos y entre nosotros, lo que es el amor de una familia. Dios no “programó” a Jesús con datos anticipadamente. Hizo que Él aprendiera en la práctica.

Sacerdote de la casa

Ya en los tiempos bíblicos, en la sociedad judía, un padre de familia no era solamente un proveedor y protector, o solo alguien que brindaba amor a su descendencia y esposa. Estaba encargado también, públicamente, de ser el sacerdote de su casa. Era él quien le enseñaba a sus hijos los primeros pasos de una vida en obediencia a Dios. Más tarde, los pequeños comenzaban a aprender más en las escuelas, y lo continuarían en las sinagogas. Pero la base, la primera educación provendría de su padre.

Hoy, padres y madres, juntos o solos -forzados por las circunstancias- aun tienen esa responsabilidad si fueran realmente seguidores del Señor Jesús. Pero apar trasmitir esa vida, cónyuges y niños, primero necesitan aprender.

Actualmente hay un gran auxilio a los padres, en iniciativas como la Escuela Bíblica Infantojuvenil (EBI), de la Iglesia Universal.

El obispo Macedo también dijo que el cuerpo necesita higienizarse, comer. “El alma también. Pero ésta sólo se alimenta de la persona amada, de una compañía, de la familia. Y el espíritu se alimenta sólo de la presencia de Dios. Quien no estuviera en Su presencia será frágil y débil.”

Participe este domingo de las oraciones a las 7 y 9:30 am, en el Bulevar de Sabana Grande, cerca de la Estación del Metro Chacaíto y coloque a su familia en las manos de Dios.

Acceda a las direcciones de la Iglesia Universal haciendo clic aquí.

“Dios hace habitar en familia a los desamparados; saca a los cautivos a prosperidad; mas los rebeldes habitan en tierra seca.” Salmo 68:6

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