La fe de una madre

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Ella ya había intentado de todo para ayudar a su hija. Como último recurso, aquella madre dejó su país dispuesta a todo para encontrar una solución. ¿Su hija tenía una enfermedad incurable? ¿Un comportamiento agresivo? ¿Estaba fuera de sí? ¿En la prostitución? ¿O algo peor? Todo lo que sabemos es que la hija de aquella madre cananea estaba “terriblemente endemoniada”.

En su desesperación, ella tuvo que dejar a su hija e ir en busca de ayuda.

Aquella madre oyó hablar de Jesús, pero había un problema: ese “Jesús” era judío. Los judíos eran los enemigos número uno de los cananeos. De hecho, para los judíos, los cananeos eran una raza maldita. “Él no me va atender”, seguramente ella lo pensó. Pero como no tenía otra salida, ella decidió correr el riesgo.

Cuando llegó hasta Él, una reacción algo inesperada para el lector del Evangelio: total indiferencia del Señor Jesús para con la mujer. Pero como ella estaba decidida a no volver a casa sin una solución, el Señor la atendió.

“Puede llamarme perro, no me importa. ¡Mientras ayude a mi hija! ”

Listo.

En el mismo momento, el demonio salió de la muchacha y ella fue sanada.

Cuando una familia pasa por luchas, nadie sufre como la madre. Pero la fe de madre también es especial. Y por eso la madre también es especial para Dios.

¡La aparente indiferencia del Señor Jesús a su dolor, madre, no es más que una oportunidad para que usted insista y use su fe!

Mateo 15.22-28

Obispo Renato Cardoso

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