La fe y los riñones

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Usted puede creer que está sin fe porque no siente fe para nada, pero sepa que eso es imposible. Es lo mismo que decir, de un momento para otro, que no tiene más los riñones porque no los está sintiendo. Independientemente, de si usted los siente o no, ellos está ahí funcionando; filtrando las toxinas de nuestro organismo y manteniéndonos saludables.

Pero, Y..¿Cuándo aparecen algunos síntomas y realmente tenemos problemas renales? Bueno, en este caso tenemos que hacer un tratamiento. Sin embargo, eso no quiere decir que no tenemos riñones y sí que debemos tratarlos. Ellos están ahí, sólo que necesitan de cuidados para volver a sus funciones. Así, es la fe: Ella puede estar en baja, pero aún así ella existe. Solamente necesita de tratamiento.

Así como los riñones, la fe solamente es útil cuando está en funcionamiento. Paró de actuar, entonces pierde el sentido. Lo que necesitamos es hacer algo para que ella vuelva a funcionar. Para la insuficiencia renal se puede tomar remedios; tal vez hacer hemodiálisis y, en casos más graves, un transplante. Y, ¿Para la insuficiencia de la fe? ¡Necesitamos actitud!

Postrarse, reclamar y llorar nunca va a activar la fe sino todo lo contrario. Su fe existe, ella está ahí, dónde siempre estuvo. Ella funciona desde el momento en el que usted se levanta, se pone de pie y cree que sus piernas sostendrán su cuerpo. Lo que usted precisa hacer es activarla aún más ya que necesita de más cosas que simplemente estar de pie.

La solución está en el altar. Es ahí que está el remedio, sea el más suave (si su caso no es tan grave) o más fuerte e invasivo (si su caso es más extremo). De cualquier manera, existe un tratamiento que está disponible y es accesible para todas nosotras. Al contrario de los tratamientos de salud, dónde el que tiene más dinero tiene más oportunidades de curarse, el tratamiento de la fe lo puede pagar cualquier persona. Rica, pobre o miserable, todas tienen acceso.

Dios nunca pide lo que no tenemos o que no podemos dar. Entonces, una primera actitud en el tratamiento de la fe es preguntarle a Dios lo que Él quiere de usted. Deje de lado lo que usted quiere de Él para oír lo que Él quiere de usted. Lo que Él le pida, hágalo; así como el enfermo debe seguir a raja tabla el tratamiento médico.

Y, sea paciente. Un remedio no va a cambiar su vida después del primer comprimido. Es necesario mantener el tratamiento y perseverar. Recuerde:

Su vida es un reflejo de sus ofrendas. Lo que usted ofrece a Dios es lo que vuelve para usted.

No es el valor, sino la calidad. No son las ofrendas en dinero sino todo lo que usted hace. Ofrecer su mejor es ofrecer lo que Dios quiere de usted y no lo que cree que debe o quiere dar. Usted tiene toda la fe que necesita, así que, cuide de ella porque su vida depende de eso.

Fuente: cristianecardoso.com

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