La Gloria de Dios y de los hombres

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Cuando Dios creó a los ángeles y al ser humano, los hizo con un único propósito: Ser glorificado.

En el medio celestial, Lucifer, por haber sido privilegiado con una determinada posición destacada entre los demás ángeles, en algún momento comenzó a envidiar la Gloria del Altísimo. Así comenzó su caída.

Al ser lanzado a la Tierra, comenzó a incitar al ser humano a mirar a su propio ego y a dejar de darle al Creador lo que Le era debido y exclusivo. Entonces nació el pecado. El orgullo y la vanidad se instalaron dentro del corazón del hombre.

Jefes, gobernadores, reyes, emperadores y demás títulos fueron creados, y fueron trabadas guerras para satisfacer esa ansia de gloria. No satisfechos, los ejércitos eran movilizados para ampliar conquistas y territorios para que más personas supiesen que tal líder era el mayor y el mejor, lo que siempre resultaba en su ruina.

Cuando el Señor Jesús estuvo en este mundo, el diablo intentó seducirlo con la propuesta de darle toda la gloria de los reinos bajo la condición de que Se postrara ante él.

Otra vez Le llevó el diablo a un monte muy alto, y Le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y Le dijo: Todo esto Te daré, si postrado me adoraresMateo 4:8-9

En busca de gloria terrena, reconocimiento, fama, estatus, cargos, títulos, etc., muchos aceptan esa propuesta de postrarse ante el diablo y se entregan a la mentira, al engaño, a la corrupción, a la adulación, a la traición y a todo tipo de artimañas malignas, inspiradas por el propio diablo, para poder tener algunos momentos de auto gloria, usurpando lo que, por esencia, pertenece a Dios.

Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundoGálatas 6:14

Que en las conquistas personales, en unos simples elogios o incluso en la falta de estos, recuerde siempre que la Gloria existe y fue creada solamente para ser dirigida a Dios. Que la adoración diaria sea hecha en este propósito:

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino. Hágase Tu Voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal, pues Tuyo es el Reino, y el Poder y la Gloria, por todos los siglosMateo 6:9-13

Fuente: bispomacedo.com.br/es

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