La gloria de los hijos

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Los hijos nacen de la relación conyugal de los padres.
Son naturales, siguen la Ley de la Naturaleza.

Pero, los hijos de Dios no nacen de la Ley de la Naturaleza.
Por lo contrario, nacen de la fe en el Señor Jesús en cooperación con el Espíritu Santo.

No basta creer en Jesús y no haber tenido experiencia con Su Espíritu.

Por ejemplo, usted lee este texto y no comprende su mensaje. Eso sucede porque el entendimiento de las cosas espirituales exige espiritualidad.

Esa espiritualidad solo es posible con la interferencia Personal del Espíritu Santo. De lo contrario, no hay comprensión.

De la misma manera ocurre en la aceptación de Jesús como Señor y Salvador. Si no existe el toque del Espíritu Santo no hay cómo nacer de Dios.

El nacimiento del hijo de Dios se da en una triangulación entre el ser humano, el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo.

Cuando la persona reconoce a Jesús como Señor de su vida y abandona definitivamente sus pecados, entonces es lavada con la sangre que Él derramó allá en la cruz.

Una vez purificada, el Espíritu Santo comienza a habitar en su cuerpo, convirtiéndolo en Su templo. A partir de allí, la persona se convierte en una nueva criatura.

Los pensamientos, el entendimiento, el corazón, la visión, todo, todo, todo cambia en su interior. La manera de pensar, de ser y de actuar difieren completamente de lo que ella era.

Los complejos de inferioridad, los traumas vividos, los rencores y los resentimientos desaparecen como humo, sin dejar vestigios.

La persona absorbe el carácter de Dios, Su imagen.
Se convierte en una nueva mujer, en un nuevo hombre.

Ese es el objetivo de la Campaña del Monte Hermón.

 

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One thought on “La gloria de los hijos

  1. Es verdad, para que seamos esos hijos verdaderos y ser transformados debemos estar en la fe de esta campaña que es dirigida por el propio Espíritu Santo.

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