La importancia de la mujer que teme a Dios

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Solo las mujeres de Dios producen hombres de Dios. Es verdad que la mujer no aparece en el púlpito, pero aparece, indirectamente, de una forma mucho más importante de lo que pueda parecer. “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?” Salomón sabía que una mujer virtuosa vale más que todo el oro, porque es ella quien levanta al hombre. Una mujer sabia, virtuosa, bendice al hombre de tal forma que se vuelve un exponente en las manos de Dios, gracias al trabajo insistente y valioso de esa mujer. “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme al Señor, esa será alabada.”

Tal vez usted que es hombre esté pensando: ¿qué tengo que ver con eso? Tiene mucho que ver, pues usted va a saber si la mujer con quién está uniéndose, o va a unirse, o si la esposa que tiene, realmente es una mujer de Dios o no, abriendo sus ojos, para que usted vigile, esté atento, para que no se engañe, no se duerma, no se distraiga, delante de la persona que tiene a su lado, pues puede ser una persona de Dios o una persona del diablo.

La gracia engañosa es esa mujer del tipo “chica de Ipanema”, “producida”, que se vuelve más atractiva, pero la hermosura es vana, porque se termina. La belleza de una mujer es como una flor: tarde o temprano se termina. ¿Cuántas mujeres del cine tuvieron éxito en el pasado y hoy no aparecen en los periódicos y revistas, porque no quieren que el mundo vea su fisionomía? Salomón dijo “la hermosura es vana, pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada”. Es decir, la mujer que teme al Señor será siempre linda, no importa la edad. Puede tener cien años, pero siempre será alabada. Sara tenía casi cien años, pero fue una mujer de Dios, sabia, así como Ana, Raquel, mujer de Jacob, mujeres que, aun siendo grandes, aun con arrugas, eran alabadas, porque trillaban el camino del Señor. Vivían en el temor del Dios Altísimo.

Muchas mujeres abandonan sus hogares, traicionan a sus maridos. ¡Qué cosa terrible! ¡Qué decepción, qué cosa cruel! Abandonar un hogar, el hombre que Dios le dio. ¿Cuál es la alabanza de esa mujer? Ninguna, pues abandonó su casa, traicionó a su marido, profanó su cama. Y no solamente la mujer, sino el hombre también, cuando hace eso, ¡es lo mismo! Cuando la mujer traiciona al marido es como si estuviera traicionando a Jesús, y cuando el hombre traiciona a su mujer es como si estuviera traicionando a la Iglesia. Es algo muy deprimente. Cada uno de nosotros tenemos un libro sobre nuestra historia. Cada acto que cometemos queda registrado en ese libro. Todo lo que hacemos.

La historia de cada uno será juzgada un día, mostrada delante del Trono Blanco. Imagínese, lector, la vergüenza que pasaremos por lo que hacemos de equivocado, la vergüenza de aquellos que traicionaron, que tomaron una actitud totalmente contraria al propio Dios, como la infidelidad, pues Dios abomina el repudio y la infidelidad. Son cosas tremendamente importantes, para que las personas se despierten hacia una vida correcta, una vida limpia, de santidad, de pureza. El propio Dios dijo: “Sed santos, porque Yo soy santo”. Tenemos la obligación de ser separados de este mundo.

Estamos en el mundo, pero no formamos parte de él. Aquel que intenta formar parte de él, y al mismo tiempo del mundo de Dios, no puede, bajo ninguna hipótesis, tener Su gracia. Lamentablemente, la hermosura encanta los ojos físicos, pero la mayoría de las veces, causa decepciones. La hermosura, por la cual muchos hombres se dejan llevar, el perfil, el cuerpo, el rostro, la gracia, es engañosa. Cuando la “lleva a su casa” y descubre lo que está dentro de ella, verificando que está todo podrido, ya es muy tarde. Ahí viene el llanto y las lágrimas. Por eso es muy importante que tanto el hombre como la mujer le den el verdadero valor a la mujer que teme al Señor, porque esta será alabada, porque es la mujer que ama la Ley de Dios, las cosas de Dios.  

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