La majestad del Altísimo

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En el libro de Apocalipsis, Juan describe lo que está alrededor y lo que sale del trono, pero parece temer decir el nombre de Dios y describir Su apariencia. En vez de esto, dice sorprendido ” y, en el trono, alguien sentado”, como si enmudeciese delante de la visión indescriptible de Autoridad Suprema de todo el universo.

Juan no puede describir la Persona de Dios, pero, en su visión, el Lo asemeja al jaspe y a la cornalina: “Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina…” Apocalipsis 4:3

La piedra de jaspe, según Apocalipsis 21:11, es cristalina y preciosísima; y la de cornalina es roja como la sangre. Hay muchas interpretaciones  y conjeturas sobre este tema, sin embargo es bueno resaltar que fue imposible para el apóstol relatar con palabras el rostro de Dios.

Juan solo tuvo condiciones de mostrar una idea de la grandeza y majestad del Altísimo. El propio Señor Dios ya había dicho a Moisés: “No podrás ver Mi rostro; porque no Me verá hombre, y vivirá. “ Éxodo 33:20

Creemos que el Señor Jesús quería dejarle bien claro a Su siervo la figura de la Autoridad de Suprema de los Cielos y de todo el universo, y no la fisionomía clara y transparente de Su Padre. Por eso, el aspecto de Aquel que Se encuentra en el trono apocalíptico es algo solo semejante, pero no igual a Dios.

Algunos estudios del libro del Apocalipsis creen que el Señor Jesucristo es Quien está sentado en el trono, teniendo en cuenta la representación de las piedras de jaspe y cornalina.

La justificación es que según Éxodo 28:15-21 en el pectoral del sumo sacerdote había doce piedras preciosas, ordenadas en hileras, y entre ellas estaban el jaspe y la cornalina.

Cada  una de las piedras representaba una tribu de Israel. La de cornalina, cuyo color es rojo como la sangre, tenía como nombre Rubén, el primogénito de Israel. Por eso, representa al Señor Jesús, el Primogénito de toda la creación (Colosenses 1:15), y el derramamiento de Su sangre en el Calvario, en favor de la humanidad.

La piedra de jaspe, clara y transparente, era la última y en ella estaba grabado el nombre de Benjamín, la última de las tribus de Israel. Así, ambas simbolizan a la persona del Señor Jesús, que es el Alfa y el Omega, el Primero y el Último.

Esos estudios todavía alegan que así como la cornalina representa la expiación de la primera venida del Señor, jaspe, la piedra clara y transparente, representa la victoria sobre el diablo, o sea, la segunda venida del Señor Jesús.

El arco de la alianza fue la señal del pacto entre Dios y Noé, luego después del diluvio. Dios le prometió a Noé:

“Y Me acordaré del pacto Mío, que hay entre Mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne. Estará el arco en las nubes, y lo veré, y Me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra.” Génesis 9:15-16

En el Apocalipsis, el arco de la alianza es una señal continua alrededor del trono de Dios, como para recordarle la gloriosa y eterna alianza con aquel que, con fe, acepta a Su Hijo como Señor y Salvador.

Por obispo Edir Macedo

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