La mejor forma de derrotar a tu RIVAL

rival

Compite contigo todos los días, y todo porque desea tener todo lo que tu tienes…

La palabra RIVAL en su origen significa adversario, algo o alguien que se opone a ti y convierte tu existencia en algo imposible. Mucha personas mantienen una rivalidad a lo largo de su vida, coexistiendo en constante competición, desentendimiento y envidia.

Ana era una mujer casada, que amaba a su marido Elcana y viceversa. Sin embargo, Ana tenía un problema, considerado incapaz, especialmente en la época en la que vivía: era estéril, no podría dar hijos a su marido a quien tanto amaba. Como forma de minimizar el impacto (y como era normal en aquel tiempo), Elcana tomó para si otra mujer, Penina. Esta si, al contrario que Ana, podía concebir… y, así, Ana, por ser la mujer a quien Elcana amaba, se convirtió en la rival de Penina, que la provocaba e irritaba, pues sabía que el corazón de Elcana pertenecía a Ana. (1 Samuel)

Pero, la RIVAL nº 1 de Ana, en realidad, no era Penina, sino su propia esterilidad y enfermedad. Penina sólo existió en la vida de Ana por causa de su problema de salud. O sea, Ana, en realidad, tenía 3 RIVALES:

  1. LA ENFERMEDAD
  2. PENINA
  3. LOS HIJOS DE PENINA
  4. Aunque existía otro rival más, el 4º, que era la ACOMODACIÓN.


Todos los años, Elcana iba a la Casa de Dios y hacía sacrificios y oraciones por sí mismo y por Ana… pero nada ocurría. Ana aguardaba por Justicia Divina, a través de los sacrificios de su marido, del amor que sentía por ella y por sus lágrimas, pues era sólo lo que ella sabía hacer, llorar y quedar amargada… era incapaz de reconocer que quien estaba siendo injusta era ella… pero hacia Dios.

Igual que Ana, no son pocos lo que hoy en día, incluso dentro de la Iglesia, en la Casa de Dios, sólo saben llorar a causa de sus problemas, están tristes y amargados. Tienen pena de sí mismos, por eso, tratan de conmover a dios, pues se sienten víctimas de las circunstancias, son “pobrecitos e infelices”… Aunque, ese no es el lamento de la fe, pues este la envenena cada vez más, le hace vivir en el sentimentalismo, en vez de en la Fe Viva.

Por eso, no creas que tu rival es la casualidad, tu vecino o colega de trabajo… TU RIVAL ES LA RAÍZ, lo que está detrás de aquel problema o aquella persona. El verdadero rival de Ana era, de facto, la enfermedad, el espíritu que estaba detrás de la misma. Despúes, sí, vinieron los demás rivales.

Dios sólo podría hacer justicia cuando Ana se indignara contra su problema, cuando dejase de estar acomodada, quedando en la dependencia del marido, así como nosotros, que no debemos depender del marido, de la esposa, del padre, de la madre, de los hijos, del pastor o del obispo… pues sólo debemos depender de Dios y de nosotros mismos, de nuestra propia Fe.

¡Ana hizo de Elcana su fortaleza, cuando su fuerza única debería ser su Fe en Dios! ¡Y fue sólo al descubrir eso cuando su lamento, su vida su realidad de ser estéril fueron transformadas y todos sus rivales cayeron por tierra!

No cometas el gravísimo error de Ana, que la llevó a perder años de vida sin que nada cambiara. Vence los rivales que han actuado en tu vida, creando problemas. ¡Haz de Dios tu única fortaleza!

¡Dios es contigo, y yo también!

Ojf

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