abraham

Cuando fue llamado por Dios, Abraham obedeció inmediatamente. Manifestó su fe con acción de obediencia a la Palabra del Altísimo. A causa de esto, se hizo merecedor y justo a los ojos de Dios.

Él tuvo que abandonar sus patrimonios, la parentela y la casa de los padres, lo que era extremadamente doloroso. Esto nos demuestra que para obedecer la voz Divina es necesario tener fe, coraje y determinación. El ejercicio de la fe exige sacrificio.

Dejar la propia tierra significaba cortar lazos y tradiciones, algo muy raro en aquellos días. Solamente las personas fracasadas o fugitivas dejaban todo atrás y se aventuraban en otros lugares.

Pero lo peor era dejar la casa de los padres. Las propiedades seguramente serian substituidas por otras en algún otro lugar. El crecimiento de la parentela también obligaría la separación de cualquier manera.

La renuncia de la familia, afectaría no solo la parte sentimental, pero, sobretodo implicaría el abandono de su liderazgo patriarcal. Terá, su padre, lo había puesto en el liderazgo de la familia.

Pero, ignorando el destino final de su peregrinación, si era para el norte, sur, este u oeste, Abraham se preparó para una partida sin regreso. La herencia patrimonial, los lazos familiares y el liderazgo del clan, perdieron sentido delante de la plenitud de las promesas Divinas de, entre otras cosas, hacer de él una gran nación.

Embarazado de las promesas, Abraham dejó todo para atrás y, en la más absoluta certeza de su cumplimiento, partió… Ese es uno de los mayores legados de Abraham para la humanidad: su obediencia incondicional a Dios. Es eso que hace la diferencia en la vida de los que creen. Las señales siguen apenas a esos, es decir, a los que creen. No a los que quieren creer y mucho menos a los que solo dicen que creen. ¡Abraham probó su fe en Dios porque obedeció Su Palabra!

Muchas personas confunden la fe con los sentimientos. Necesitan “sentir la fe” para actuar. Si eso fuera cierto, en el caso de Abraham, él no serviría para ser el padre de la fe. Porque su acción, en relación a la obediencia a la Palabra de Dios, es contraria a eso, a la emoción. ¡La creencia depositada en Dios no puede ser movida por sentimientos, sino en la absoluta certeza, en la convicción!. Vea el versículo bíblico y entienda la posición que diferencia el hombre natural, de aquel que realmente vive la fe que agrada y llama la atención de Dios.

«El creyó en esperanza contra esperanza». (Romanos 4:18)

Pero él aun no había llegado al límite de su fe.

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