La Biblia dice en Hechos 1:4: «Y reuniéndolos, les mandó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre: La cual, les dijo, oísteis de mí». Jesús les dijo a Sus discípulos que permanecieran perseverando, aun ante las persecuciones. Ellos encontraban muchas barreras, porque quien era cristiano y discípulo de Jesús era perseguido para ser asesinado.

Eso significa que las personas deben perseverar, aunque estén en un lugar difícil. Esperar en Jerusalén y permanecer luchando, sin desistir, mientras no reciben la promesa del Padre, que es el Espíritu de Dios. Cuando estén en el auge de la lucha, negando los deseos de la carne y todo lo que el mundo ofrece, el Espíritu Santo viene sobre ellas.

Es necesario empeñar toda la fuerza, todo el corazón y todo el pensamiento para recibir el Espíritu de Dios. En lugar de pensar en las dificultades y mantener los pensamientos en cosas vanas, es necesario pensar en la promesa del Padre. Es importante entender que la vida de una persona tiene que coincidir con la Presencia de Dios. Ella no puede decir que quiere el Espíritu Santo y vivir en el robo, en el engaño, en la mentira y en el pecado. Ella tiene que renunciar a eso y poner a Dios en primer lugar en su vida. Cuando ella haga ese esfuerzo, ahí sí, ella será bautizada con el Espíritu Santo.

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