La sinceridad

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La Biblia es un alimento, y necesitamos alimentarnos de ella diariamente. ¿Ya hiciste un ayuno de 24 horas o aquellas dietas “locas” de quedar mucho tiempo sin comer? ¿No da aquella sensación de debilidad? ¡Así es tu cuerpo espiritual! El alimento espiritual es la Palabra de Dios.

Vamos a suponer que alguien esta comiendo, ¡esto no hará que yo también me alimente! Y así es nuestra vida espiritual: no podemos alimentarnos cuando los otros se alimentan. La intimidad con Dios viene cuando hay una búsqueda directa, sin intermediarios. ¡Nunca te olvides de eso! Meditemos en Juan 5:31-32. En estos versículos, es el propio Señor Jesús que está hablando…

¿Cuándo es que yo doy testimonio de mí mismo? Cuando hablo de mí mismo a otra persona. Pero eso no tiene valor. Nuestro vivir tiene que ser impecable. No sirve que pienses así: “Les voy a mostrar a todos cuán espiritual soy” Observa que de esta forma estas queriendo testificar algo para alguien y, en realidad, nuestro testimonio más importante es aquello que vivimos. No sirve que tengas fe, tienes que vivir por ella. Si no vivo, no soy testimonio. Por ejemplo, un día yo quería saber cómo se desenvolvía una persona, y en vez de preguntárselo a ella, le pregunté a otras personas que la conocían, para saber realmente quién era ella.

Entonces, lo importante es quién eres cuando nadie está viendo. Es esto lo que tiene valor para Dios, pues Él nos ve cuando nadie nos ve. A veces tenemos tanta preocupación en agradar a una determinada persona, pero cuando no está presente, ¿cómo somos con los demás? Infelizmente, este mundo es muy interesado, y nosotros no podemos ser así: de frente somos una persona y por detrás somos otra. Es obvio que frente a una autoridad te comportarás y la respetarás, ¡pero tú eres quien eres! Y eso es lo que da testimonio a tu favor, delante de Dios y de los hombres.

Entonces, lo que quería decirles hoy es que a veces estás tan preocupada en aparentar algo, ¡qué quieres mostrar lo que no eres! Esto desagrada a Dios, ¡pues Él sabe quién eres en realidad! Claro que no vas a vivir por tus ganas, o por tus pensamientos que vienen a la cabeza, y decir: “¡Ah, yo soy así!”. ¡No puedes fingir ser otra persona y vivir en una falsedad! ¡Dios no se agrada de eso!

Recibo mails de obreras y jóvenes que tienen el coraje de escribirme, hablando de sus dificultades, pero no tienen coraje de buscar a sus líderes, ¿saben por qué? Es más fácil porque es mail. Pero esa actitud, ¿tendrá buenos frutos?, pues no tienes el coraje de mostrar quién eres de verdad. Nadie es perfecto, todos tenemos dificultades, pero hay muchas que quieren mostrar una apariencia de “perfectita”. No sé de dónde viene esa idea de que es vergonzoso tener problemas, que es vergonzoso estar triste… Eso no es verdad, pues todas nosotras pasamos por dificultades. ¡El diablo no está durmiendo! Vergonzoso es darse por derrotada, pero luchar las luchas con Dios nunca será vergüenza.

Lo que tiene que haber en nosotros es SINCERIDAD. Es esto lo que dará testimonio en tu vida: no lo que dices que eres, sino lo que las personas dicen de ti.

¿Tu cambias conforme a la persona con quien estás? Si eres así, entonces ora, habla con Dios que no quieres ser más así, pues con certeza te debes sentir una engañadora, y el diablo debe acusarte por ser así. Y no te quedes solo con la oración. Tienes que actuar diferente también, y cambiar estas actitudes que no son sinceras.

Tiene que existir siempre sinceridad dentro de nosotros, ¡porque tiene un valor inconmensurable delante de Dios!

Fuente: nandabezerra.com

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