“La verdadera agua de vida”

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“Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.

Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.

Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. Juan 4:7-14

¿Qué agua es esta a la que Jesús estaba haciendo referencia? Es el Espíritu Santo, pues Él hace mención que existe un agua que la persona bebe y vuelve a tener sed.

Observe lo que dice a continuación:

“La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad”. Juan 4: 15-18

Pero el marido no tenía nada que ver, pero el Señor Jesús dijo que allí esta el secreto, pues muchos creen que a través de una pareja, la familia o de la vida prosperada terminaría con la sed y no es así pues existen personas que tienen todo y aún continúan con esa sed, pues no se siente satisfecha, siente un vacío.

Si usted quiere ser verdaderamente feliz, tiene que recibir el agua de la vida, que es el Espíritu Santo y nunca más tendrá sed.

La persona que tiene sed busca y no mide esfuerzos para saciarla, así que aproveche la oportunidad de buscar a Jesús y saciar la sed que esta dentro de usted.

Obispo Leandro Queiroz

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