La virginidad todavía está de moda

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“Soy una mujer de 26 años con diploma universitario, un buen empleo, un departamento dúplex adorable y ninguna deuda. Tengo un grupo sólido de amigos, una familia que me apoya y una conciencia clara de quién soy y quién quiero ser. Soy lo que pueden llamar una persona exitosa. Sin embargo, en el momento en el que tengo que decirle al muchacho con el que estoy de novia que el sexo no es una opción, me pongo rara, como una chica inquieta que no consigue hacer contacto con los ojos o armar una frase completa”

El testimonio de arriba fue posteado por la norte-americana Ellen Burkhardt en su blog personal, sobre su dificultad para tener un noviazgo sin sexo. “Estar de novio es difícil, especialmente cuando usted es una mujer de 26 años de edad y quiere casarse virgen”, resalta Ellen en su blog.

En el texto, que tuvo una gran repercusión, ella deja claro que no es anti sexo o inmune al deseo, pero entiende que, de todas las experiencias y oportunidades ofrecidas en la vida, amar a alguien es la más preciosa. Y considera que el amor y el sexo están entrelazados de tal forma que separarlo disminuiría su valor.

Ese no es un tema nuevo: Hasta algunas celebridades asumieron su posición “sin sexo hasta el casamiento”. Uno de los casos más recientes es el de la actual miss Brasil, Melisa Gurgel, de 20 años, que asumió ser virgen y que cela por el principio de esperar por el sexo después del casamiento. A pesar de eso, el tema todavía genera mucha polémica, y quien asume esa opción es bastante criticado por la sociedad.

Sexo solo después del matrimonio

Muchos encontraron dificultades en aceptar que, en pleno siglo 21, algunas personas asuman una postura tan “anticuada”. Pero, ¿la virginidad realmente es cosa del pasado?

Aquellos que hicieron esa elección basados en la perspectiva Divina saben bien el valor de la decisión y los sacrificios de esa espera.

alves.690x460El asistente contable Tarcísio Alves y su esposa, la estudiante de psicología Sandila Alves (foto al lado), ambos con 20 años de edad, se pusieron de novios cuando tenían 18 años. Antes de conocerse, durante el noviazgo y el compromiso, sufrieron discriminación por causa de la decisión de no relacionarse sexualmente con alguien antes del casamiento. “Sí, sufrí. Por el hecho de ser hombre y llegar a cierta edad, hubo veces en que me sentía oprimido por ser virgen, pues hoy el muchacho para ser hombre de verdad delante de la sociedad tiene que “estar con todas”. Cuando uno se comporta de forma diferente, lo toman por débil o gay. Pero, aunque estaba en medio de las críticas, burlas y bromas, asumí mi postura”, resalta Tarcísio.

Sandila recuerda también los comentarios que tuvo que oír de las compañeras de la escuela y después de la facultad. “Decían que eso de casarse virgen era cosa anticuada, superada, que yo no estaba disfrutando de la vida y que estaba perdiendo mis mejores años. Ellas me cuestionaban y no entendían cómo yo lograba guardarme en este mundo que vivimos hoy.

Tarcísio recuerda que, para un hombre, la decisión de no involucrarse sexualmente con una persona hasta el casamiento pesa mucho más y que, para mantenerse firme en esa decisión, todo lo que él hizo se resume en una palabra: sacrificio. “Tuve que luchar para alcanzar el matrimonio, elegir y conocer a la persona adecuada. Renuncié a mi voluntad y no me dejé llevar por las opiniones de los otros compañeros que no compartían mi pensamiento. Permanecí firme en lo que creo.”

Es claro que el deseo existe

Las dificultades no fueron solo en relación a los comentarios de las otras personas. La pareja cuenta que también fue difícil resistir el deseo en favor de ese propósito y que hicieron para esquivar eso. “Fuimos tentados varias veces a desistir de nuestro objetivo de casarnos vírgenes, pero siempre esquivábamos esa situación, buscando en Dios las fuerzas necesarias y siendo inteligentes. Por ejemplo, solo nos encontrábamos en lugares públicos y donde había mucha gente, evitábamos quedarnos solos en lugares de poco movimiento. Las visitas realizadas en la casa de ambos eran siempre con la familia presente. Y así fue. Y todo eso porque creíamos en la fe que tenemos en Dios.”

Hoy ellos notaron cómo esa decisión contribuyó a su propia relación. “Por el hecho de no haber tenido otras experiencias sexuales, no sufrimos decepciones o frustraciones. Nuestra luna de miel fue un momento único. Vivimos con la certeza de que nuestro casamiento fue una verdadera alianza y que valió la pena esperar hasta el momento indicado. Creemos que muchos de los matrimonios que sufren problemas sentimentales, sufren porque no construyeron sus relaciones pautadas en la fe en Dios.”

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