Las bodas del Rey

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Había un rey que tenía el gran deseo de celebrar la boda de su hijo. Sin embargo, se decepcionó con la cantidad de invitados ilustres que decidieron rehusar su invitación. Entonces, decidió invitar a los pobres y a los menos favorecidos del reino, a todos sin excepción. De este modo, una multitud compareció a su fiesta. Para sorpresa del rey, uno de los invitados no estaba vestido de manera apropiada. Lo mínimo que aquel hombre podría haber hecho para participar de aquella fiesta tan importante hubiera sido vestirse de manera adecuada. ¡Aquello era un insulto que el rey no podía soportar! Así, inmediatamente ordenó a sus guardias que lo lanzasen a la calle, donde habría “llanto y crujir de dientes” (Mateo 22:1-13).

El Señor Jesús contó esta parábola para ilustrar el Reino de Dios. Él vino para aquéllos que eran Suyos, pero ellos Lo rechazaron; por eso, hizo extensiva Su invitación a todas nosotras: gentiles, pobres, necesitadas, abandonadas y sufridas. Nosotras, entonces, aceptamos Su invitación de todo corazón — al fin y al cabo no teníamos nada que perder, ¡y sí qué ganar!

Lamentablemente, algunas todavía piensan que el Reino de Dios ya está garantizado, existen también las frecuentadoras de la iglesia que piensan que es posible vivir sin la aprobación de Dios y, así, no se visten de manera adecuada para Su venida. Viven de acuerdo con lo que es apropiado para el mundo moderno, siempre preocupadas en divertirse y no en asumir ningún compromiso; sólo se preocupan por ellas mismas y por lo que su corazón desea conquistar, sin preocuparles la manera como se están presentando delante de Dios, sólo viven el momento. Poco a poco, lucha tras lucha, insisten en no aprender la lección, quieren hacer todo solas y piensan que son jóvenes y libres para hacer todo lo que quieran y, por eso, ignoran el hecho de que Dios no quiere que sigamos los deseos de nuestro corazón. Independientes de los padres y de todos a su alrededor, empiezan a asumir responsabilidades solamente cuando ya no necesitan más diversión…

Tan indignas y obstinadas. ¿Cómo podrá Dios lidiar con personas así? Personas que saben perfectamente lo que es correcto y lo que es equivocado y, aún así, insisten en hacer lo que está mal. Hasta ahora, Él ha intentado enseñarnos, pero, incluso después de todo lo que dice y hace por nosotros, el mundo es muy atrayente y tentador como para ser abandonado. Todo lo que Le queda por hacer es quitar de en medio de Su pueblo a la que se ha comportado de manera inapropiada y es en ese momento que Dios deja a la persona sola. Después de intentarlo, día tras día, año tras año y de no ver ningún cambio, Él simplemente desiste de este tipo de “cristiana”.

Ahora bien, piensa conmigo: ese tipo de invitada es una persona que abusa del favor y que piensa que puede entrar y disfrutar de toda la riqueza de las promesas de Dios sin que haya de su parte un mínimo de sacrificio, en el sentido de adecuarse a las normas del Reino. No es extraño que personas así solo vean pequeñas bendiciones aquí y allá. Las mayores y más gratificantes bendiciones solo pueden disfrutarlas las personas que verdaderamente se comprometen con el Reino de Dios; las que se aseguran de estar vestidas de forma apropiada para presentarse delante del Rey.

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