dos-sillas

Una de las cosas que he notado en muchas personas, es la dificultad que tienen para comunicarse con Dios.

Es interesante esto, si es que puedo utilizar tal expresión, porque ellas no tienen ninguna dificultad en estar hablando varios minutos o hasta horas con otra/s persona/s.

Es un asunto tras otro. Consiguen incluso contar sus propis problemas, lo que pasó en el trabajo, la falta de paz que sienten en casa, los aborrecimientos dentro de la familia… pero, cuando las mismas van a hablar con Dios… no sale nada.

Cuando están participando de una reunión en Familia Unida, consiguen hasta decir alguna cosa, motivadas por la oración del Pastor, pero, cuando en casa se dispone a orar, no tiene palabras.

¿Qué será lo que limita tanto a una persona para hablar con Dios? ¿La falta de palabras? ¿La falta de hábito? No, no creo que sea eso.

A veces, la gente está tan preocupada que, cuando alguien va a orar, se preocupan mas con esto: ¿cuál es la posición, de pie o de rodillas? ¿Levanto las mano o las pongo sobre el corazón?

¡¿Por qué complicar algo que es tan simple?!

“Es tan sencillo para quien ya está acostumbrado…” dicen algunos. Pues bien, ¡déjame comprobar LO SENCILLO QUE ES!

Haz el siguiente experimento:

Toma dos SILLAS, y pon una frente a la otra. Siéntate en una de ellas… cierra los ojos y toca con la mano derecha la silla diciendo, “Señor Jesús, por favor, siéntate aquí, pues tengo que hablar Contigo”.

Comienza a hablar igual que cuando hablas con alguien. Dile como te sientes cada vez que llegas a casa; lo que te ha pasado en el trabajo; como fue tu día; lo preocupado que estás por no tener dinero para atender tus obligaciones; tu tristeza por ver a un familiar en los vicios; háblale sobre esa persona a la que no puedes ni ver en pintura…

¿Ves como no es difícil ORAR?

Comienza por librarte de la religiosidad, de la preocupación constante en buscar las palabras correctas, la posición más indicada para orar… ¡pues, nada de eso cuenta si en ti no hay SINCERIDAD!

Colaboró: Obispo Carlos Rocha

¡Dios es contigo y yo también!
Ojf

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