Lo ideal y lo real

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Despertar por la mañana y poder hacer una oración sin prisa, presentando su día, sus preocupaciones y planes. Después, sentarse y desayunar. Al terminar, poder admirar el sol por la ventana, quizá poner su silla en el patio, leer la Biblia y meditar sobre los versículos que leyó. Y, solo después de eso, ir para los quehaceres del día.

Esa es la vida ideal para todo cristiano, pero en la actualidad es casi imposible vivirla. Son duras jornadas de trabajo, estudios, obligaciones y exigencias. La mayoría de las personas se acuestan tarde y se despiertan muy temprano. En las grandes ciudades aún existe el grave problema del tráfico, y llegar a los compromisos es una verdadera tortura.

Muchos se despiertan de prisa con los minutos contados para todo. A veces, no logran tiempo ni para alimentarse adecuadamente.
Y las oraciones, cuando hechas, son rápidas y sin la debida concentración. La lectura bíblica… Solo cuando alcanza.
¡La vida contemporánea es demasiado agitada! ¿Cómo mantener los hábitos espirituales cuando no se tiene más tiempo?
Sé que la palabra es dura, pero no siempre la realidad es fácil de ver: si usted piensa, quizá 5 minutos sea el tiempo máximo ofrecido a Dios, ¡quizá!

Las consecuencias de esa negligencia han sido visibles en la falta de calidad de fe en la actualidad. Vemos personas con altos y bajos en sus convicciones; hay días que se muestran fieles y confiadas, y en otros actúan peores que un incrédulo. Son incapaces de renunciar a la carne y a las invitaciones del mundo. Implacables en juzgar los fallos ajenos, pero totalmente tolerantes con sus propios errores. No poseen temor para tejer comentarios y tuercen todo lo que escuchan. Desconocen la Palabra de Dios, y algunos hasta pueden ser considerados analfabetos espirituales.

Otros se preocupan únicamente consigo mismos. Sin embargo, eso puede ser solucionado cuando se aprende a priorizar lo esencial. Aunque usted no consiga tiempo por la mañana para cuidar de su vida espiritual como le gustaría, por lo menos asegurese hacerlo durante el día. Aunque esté con prisas, no sacrifique los cultos, las oraciones y la meditación en las Escrituras. Puede faltar tiempo para el paseo, para checar las redes sociales, para los amigos, para navegar en internet, para la TV… pero jamás para Dios.

Me acuerdo de Marta, la anfitriona que recibió al Señor Jesús en su casa, pero se quedó lejos con sus ocupaciones. Su hermana, María, actuó como una alumna sentada a los pies del Maestro, aprendiendo todo lo que podía.

Si no vigilamos, las agitaciones del mundo moderno nos van a despistar tanto que no lograremos elegir la mejor y única parte que vale la pena en esta vida: vivir en comunión con Dios. ¡El tesoro que jamás podrá ser quitado de nosotros!

Fuente: blogs.universal.org/cristianecardoso/es

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