Los ciegos y los de visión

ciegosylosdevision

¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda? Cegos! Mateo 23:19

Cuando una persona ve la ofrenda mayor que el Altar, además de estar despreciando a Dios, Lo considera menor que lo que ella tiene para ofrecer, y por eso no llega al Altar.

Es como pensar que la vida que tiene es mayor que Dios.

En otras palabras, dice: “Dios es pequeño, y yo y lo que tengo somos grandes.”

Ese desprecio por el Altar la hace estar en ruinas, y toda su vida queda en ruinas. ¡Por eso Jesús la llama ciega!

Sin embargo, cuando la persona considera al Altar mayor que la ofrenda, ella está considerando a Dios mayor que ella y que todo lo que tiene, y eso la hace restaurar su Altar. Y, en ese Altar, ella sacrifica, y entonces vienen las respuestas y comienza una vida nueva.

Cuando sucedió el diluvio, todos los seres humanos que existían murieron, solo quedaron ocho personas. Y lo primero que hizo Noé antes de sembrar y comenzar a multiplicar a los seres humanos y a los animales, fue levantar un Altar, y en él sacrifico la vida de animales y aves en holocaustos a Dios.

Noé entendió que no podía comenzar nada sin antes levantar un Altar, porque él quería comenzar todo con Dios. Sabía que si comenzaba sin Dios todo iba a salir mal. ¿Y no es lo que ha sucedido con tantas personas? Muchos comenzaron algo y lo perdieron, pues comenzaron sin Dios, o sea, no comenzaron en el Altar.

El Espíritu Santo ha abierto los ojos de los que estaban espiritualmente ciegos para que ellos puedan ver que el Altar, que simboliza a Dios, santifica la ofrenda.

Lo interesante es que después de que Noé restauró el Altar y manifestó su fe a través del sacrificio, Dios entregó todo en sus manos.

Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra. El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados. Génesis 9:1-2

¡Dios los bendiga mucho más!

Fuente: bispomacedo.com.br/es

Related Posts

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *