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Un muchacho le dijo a su padre que quería ser un buen líder, y le preguntó cómo podía lograrlo…

El padre le respondió que lo primero que tenía que hacer era estar consciente de su conducta. Que cada vez que sintiera que había hecho daño a una persona, clavará un clavo en la cerca de su casa. El hijo aceptó el reto y empezó a tomar mayor conciencia de sus actos.

Siguiendo el consejo de su padre, comenzó a poner clavos con el martillo cada vez que hacía daño, maltrataba  a una persona, o no la respetaba. Entonces preguntó a su padre: “¿Y ahora qué hago?”.

El padre le respondió que por cada acto de buen servicio que realizase y de respeto a las personas, sacara un clavo de la cerca. El hijo nuevamente aceptó el reto y empezó poco a poco, a sacar los clavos. Pues ya era más consciente y además ahora se dedicaba a ayudar a las personas. Así que en poco tiempo logró sacar todos los clavos. Contento, se acercó donde su padre quizás con un poco de soberbia y le dijo:

“¡He terminado!”.

“¡Logré sacar todos los clavos! Finalmente he aprendido a ser una mejor persona, un BUEN LÍDER”.

Sin embargo, le surgió una duda y dijo: “¿Ahora qué haremos con todos los huecos que dejaron los clavos en la cerca?”.

El padre le respondió: “Están allí para recordarte siempre que en tu camino de aprendizaje, dejaste una huella de dolor en la gente y que gracias a su entrega, comprensión y colaboración. Ahora puedes ser la persona que eres”.

Llegar a concentrarnos como buenos lideres, implica un trabajo, en el que se crece cultivando la autoestima, visión, solidaridad, equilibrio y capacidad de aprender a dirigirse a otros con educación, respeto y siempre conscientes, que una actitud incorrecta deja marcas en los demás.

Fuente: http://obispopauloroberto.com

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One thought on “Los clavos de la vida

  1. Buenas tardes Sr. es muy fuerte este mensaje porque nos enseña a ser humildes y aceptar que a veces erramos y lastimamos a las personas con nuestra forma de actuar por eso debemos buscar a Dios con nuestro corazón abierto y pedir mucha sabiduría, paciencia El Espíritu Santo nos capacita nos enseña nos ayuda para ser hijos de Dios y así dejar su perfume por donde pasemos…
    Karen garcia

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