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La soledad no es solamente estar solo, sino sentirse solo.

Los datos del último censo revelan un aumento significativo en el número de personas que viven solas: 12,1 %. Y algunos de los probables motivos señalados son la reducción en el tamaño de los departamentos y el aumento del número de personas divorciadas y ancianos, sin contar la cultura individualista.

Una investigación realizada por la Universidad de Helsinki (Suecia) y por Finnish Institute of Occupational Health (Finlandia) constató que el 80% de las personas que viven solas tienen más oportunidades de tornarse depresivas, en comparación con las que viven con amigos y parientes.

Otro estudio – publicado en una de las más importantes revistas científicas, la PNAS -verificó que la soledad, por estar conectada al mecanismo que controla la reacción de lucha o huida, puede afectar la producción de glóbulos blancos (las células de defensa de nuestro cuerpo). ¿Qué causaría eso? Un sistema inmunológico más débil y más riesgos de inflamación.

Por otro lado en la Universidad de Chicago (Estados Unidos), el psicólogo John Cacioppo verificó los impactos de la soledad y constató que ella es más peligrosa que la obesidad – pudiendo matar hasta dos veces más. Eso sucede porque la soledad aumenta la presión arterial cerca de la zona de ataques cardíacos y derrames. Además, puede empeorar la calidad del sueño -cuando una persona se siente aislada, ella está más atenta y se despierta con el menor barullo.

El antídoto para la soledad

El hombre es un ser social. En el inicio de la creación, Dios enseguida constató que no era bueno que él estuviera solo, y la solución fue crear a alguien que pudiera ayudarlo (Génesis 2:18)

¿Y no es exactamente ese el objetivo de las relaciones?

Cuando hablamos aquí de relaciones, no estamos restringiendo a la de un hombre con una mujer, sino abordando la relación de una persona con otra persona. Relaciones que nos hacen crecer como personas en todos los sentidos. Aprendemos a lidiar con las fallas ajenas – y descubrimos las nuestras también; aprendemos a servir. Solamente cuando nos relacionamos, entendemos en la práctica la palabra sacrificio.

Pero ¿cómo superar la soledad? Desarrollando las 3 principales relaciones de la vida, obedeciendo una orden descrita en los dos principales mandamientos:

“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Mateo 22:37-39)

1° Relación: AMAR A DIOS SOBRE TODO Y TODOS

Hay un lugar en el corazón del hombre que solamente Dios puede llenar. Ninguna otra satisfacción tendrá ese poder. Éxito profesional, familia admirable, amigos queridos, nada, absolutamente nada, puede ocupar el lugar reservado para la presencia del Altísimo en la vida del ser humano. Por eso, tantas personas se sienten solitarias aun siendo amadas por muchos. Es el vacío de la presencia del Padre.

Desarrolle esa relación. Busque saber Su voluntad a través de Su Santa Palabra, obedezca Sus orientaciones, converse con Él, desee conocerlo. Nadie que Lo haya buscado de todo corazón, se quedó sin encontrarlo, Él le garantiza eso (Jeremías 29:13).

Vale recordar que los momentos solitarios serán evidentes. Algunas veces por las circunstancias, otras porque usted va a optar por momentos así. Y cuando eso suceda, usted no estará solo, porque Dios prometió eso y usted tiene una relación con Él.

2° Relación: AMARSE A SÍ MISMO

La primera evidencia de que alguien tiene una relación con Dios es la buena relación que tiene consigo misma. ¿Cómo espera que a las personas les agrade estar en su compañía si ni a usted le gusta? ¿Si sus palabras son amargas en relación a usted? ¿Si no se logra verse como una obra grandiosa hecha por Dios, como apreciará a los demás?

Muchos no logran relacionarse con nadie, o cuando lo hacen es una relación repleta de conflictos, exactamente porque no hay celo, amor por sí mismo. Esas personas quieren que los otros las amen, comprendan, ayuden, cuando no hacen eso consigo mismas.

3° Relación: AMAR AL PRÓJIMO

Cuando su relación con Dios está al día, y su relación consigo mismo también, hay condiciones de mantener relaciones saludables con las personas de su alrededor: con sus familiares, amigos y cónyuge – esta última relación es el reflejo de las dos anteriores. Las relaciones saludables solo son posibles cuando usted conoce a Dios, usted se ama y tiene amor con las otras personas, las ayuda, y se deja ayudar, comprendiendo, compartiendo.

Se engañan los que piensan que las reuniones de la Terapia del Amor son solamente para las parejas. Son también una oportunidad para desarrollar estas tres relaciones importantes en la vida, siempre bajo la óptica del Autor del Amor. Participe todos los jueves a las 3 pm y especialmente a las 7 pm en el Boulevard de Sabana Grande diagonal a la estación del metro Chacaíto. 

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