Mire firmemente a Jesús

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“Fijemos la mirada en Jesús, el Autor y Consumador de la fe, quien por el gozo que Le esperaba sufrió la cruz y menospreció el oprobio, y Se sentó a la derecha del trono de Dios. Por lo tanto, consideren a Aquel que sufrió tanta contradicción de parte de los pecadores, para que no se cansen ni se desanimen.”

(Hebreos 12:2-3)

Al fijar la mirada en el Señor Jesús, usted no permite que sus ojos se desvíen. No se permite ser engañado por la aparente fuerza de la oposición que se levanta. Fijando la mirada en el Autor y Consumador de nuestra fe, logramos resistir a todo. En esta fe, nuestras fuerzas se renuevan.

A cambio de la alegría que nos es propuesta, es decir, de la salvación de nuestra alma, no les hacemos caso a las afrontas públicas que sufrimos. “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes Yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que Yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a Mí Me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado Mi Palabra, también guardarán la vuestra.” (Juan 15:19-20)

Las religiones pintan un Jesús sufrido, que despierta pena. Si tuviéramos que mirar a ese personaje, no nos inspiraría nada. En realidad, nos inspiraría aún más desánimo y dolor.

Sin embargo, el Señor Jesús fue valiente y fuerte desde el comienzo hasta el fin, indignado contra la incredulidad, indignado contra la hipocresía, indignado contra la religiosidad vacía que no cambiaba la vida de nadie. Él Se mantuvo firme en Su misión por la certeza de que lo que tenía que hacer era mucho más importante y urgente. No usó la emoción. Usó la fe, la certeza, la convicción. Es en el Jesús verdadero que, hoy, usted debe reflejarse.

Al enfrentar problemas y oposición, fije su mirada en Jesús.

Si usted quiere aprender más sobre este tema, participe de la Noche de la Salvación, que se realiza todos los miércoles en la Universal. Ingrese aquí para conocer la dirección de una Iglesia más cercana a usted.

Fuente: Libro “El Pan nuestro para 365 días”, del obispo Edir Macedo

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