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El Señor Jesús dejó bien claro que “El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios” (Juan 8:47). ¡Esto significa que los que comen cosas sacrificadas a los ídolos no pertenecen a Dios, porque simplemente desobedecen Su Palabra! Naturalmente, el diablo se ha deleitado con esas prácticas, pues están completamente contra Dios. Los que actúan de esa forma, están de acuerdo con el diablo, y buscan satisfacerle sus deseos.

Los que insisten en comer cosas sacrificadas a los ídolos están sujetos a condenación eterna, tanto como los que practican la prostitución, el robo, el asesinato, la mentira, etc, pues están desobedeciendo la Palabra de Dios y obedeciendo la palabra de Balaam.

Es interesante observar que la enseñanza de Balaam, básicamente, se restringe a dos prácticas: comer cosas  sacrificadas a los ídolos y practicar la prostitución.

Tanto una práctica como la otra son profundamente atraídas por los ojos, es decir, exactamente como la fruta prohibida del Jardín del Edén. El diablo mantiene el mismo método, para hacer que las personas caigan en sus garras, además de ser destituidas de la gracia de Dios.

Sin embargo, la tentación nunca está por encima de nuestra condición de poder resistir, porque está escrito: “…pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” (1 Corintios 10:13)

Nadie puede dar excusas de que cayó en tentación ‘sin querer’. “Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.” (Apocalipsis 2:16)

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