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20º Día del Ayuno de Daniel

Tener el Espíritu Santo significa tener el Mismo Espíritu que tenía el Señor Jesús.

Si alguien desea saber realmente si tiene o no el Espíritu Santo, basta con mirarse en el Espejo del Evangelio, es decir, en la vida de Jesús y de Sus discípulos.

Por ejemplo, ¿usted encuentra en el Nuevo Testamento, especialmente después del descenso del Espíritu Santo, a algún siervo quejándose, lamentándose o lloriqueando por su situación, sus problemas personales, su vida sentimental, familiar o incluso económica? ¡Lo dudo!

Solamente los estafados o engañados por los espíritus engañadores viven lamentándose de la mala calidad de vida.

El recibimiento del Espíritu Santo no significa inmunidad de problemas.

Jesús avisó:

Estas cosas os he hablado para que en Mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, Yo he vencido al mundo.
Juan 16:33

Quiere decir, incluso habiendo nacido y siendo lleno del Espíritu Santo, Jesús y Sus verdaderos discípulos tuvieron que enfrentar enormes problemas… Pero ellos vencían día tras día.

Yo no consigo ver a ninguno de ellos murmurando o quejándose ante los demás por sus problemas personales.

El recibimiento del Espíritu Santo da condiciones de vencer al mundo y no vivir en un mar de rosas.

Quien fue sellado con el Espíritu de Dios tiene fuerza, poder, vigor espiritual para resistir a las tentaciones, soportar los tropiezos de la vida y permanecer firme hasta la muerte.

El Espíritu de Dios no viene para darnos don de lenguas, sino para capacitarnos para enfrentar al infierno, al mundo, a los enemigos de la fe, a los falsos hermanos, a los hipócritas, a las injusticias, a las persecuciones y a todo pero sin lamentos, dramas, quejas, o lloriqueos… Y, aun así, continuar firmes hasta la muerte.

Obispo Macedo

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