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“Por eso dijo el Señor: «Borraré de la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo, pues Me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos del Señor. (…)Noé, hombre justo, era perfecto entre los hombres de su tiempo; caminó Noé con Dios.” (Génesis 6:7-9)

Noé, según lo que dice la Biblia, andaba en rectitud. En medio a una población llena de incredulidad, maldad y violencia, lograba mantenerse justo en relación a los hombres. Además, era íntegro y ejemplar en sus acciones.

Es lo que vivimos hoy. Un mundo cargado de prejuicios, violencia, maldad. Son padres angustiados por sus hijos en las drogas o por verlos involucrados en confusiones; hijos indignados por la falta de atención; profesores temiendo dar sus clases; y alumnos aterrados con la cobardía de otros alumnos. Y así, el mundo, tal cual una cebolla, va descamándose hasta el centro, que culmina en la falta de compasión en todos los sentidos.

En ese tiempo, Dios sintió tan gran decepción por la maldad de los hombres, que el diluvio fue la única forma que encontró para exterminar la raza que creó. Pero Él vio en Noé una esperanza. Por encima de toda la furia de Dios, estaba Su justicia porque observó en la tierra a alguien diferente. Alguien que exhalaba un perfume de gratitud y sinceridad, suavizando Su ira.

Tal vez Noé, si estuviera vivo hoy, tendría las mismas dificultades que tuvo en su tiempo. Ciertamente, él buscaría mantener una vida digna y justa, dedicándose a darles buenos ejemplos a sus hijos, nietos, bisnietos, vecinos, conocidos o no. Pero él sabría también que no sería fácil mantener ese equilibrio interior, porque las fuerzas opuestas, que trabajan una contra la otra, lucharían para verlo caer hacia uno de los dos lados de cualquier manera.

Entonces, ¿qué cambió desde aquella época hasta hoy? ¿En qué mejoró el mundo? Cada año vemos que suceden peores cosas y las vemos suceder, sin mencionar las que no se muestran. Cada día nos sorprendemos más y más con lo ajeno y nos atemorizamos cuando lo ajeno se vuelve nuestro. Y en estos días, para ir con una cosa a la vez, tenemos que tener la capacidad de Noé de no desistir, de proseguir. Porque aun en medio a las burlas e indiferencias, él fue hasta el fin, para seguir el propósito de Dios en construir el arca.

Noé, aun estando solo, apenas contando con su osadía y determinación, creyó en la propuesta futurista de Dios. Después de todo, el arca era una especie de barco de carga en los comienzos de la humanidad. Si él se hubiera desanimado, o desobedecido, la raza humana, tal vez, hubiera terminado allí. Pero él siguió adelante, mirando hacia el futuro y obedeciendo sin cuestionar.

Los “Noes” de hoy son equilibrados en todo. Buscan ser justos en lo máximo posible. Y son osados y también independientes. Los “Noes” de hoy miran más allá de su tiempo y siempre ven con disposición una solución para el caos.

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