Nuestra guerra de cada día

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No queda la menor duda de que el conocimiento previo de nuestro enemigo y de las armas que él usa nos coloca en excelentes condiciones de vencerlo siempre que se haga lo necesario. Eso es una cuestión básica y fundamental en cualquier guerra.

Siempre hubo, en todas las guerras, la preocupación de los generales de ambos lados por las armas y tácticas usadas por el enemigo. Aún en tiempos de paz, grandes naciones han gastado sumas incalculables para mantener sus equipos de espionaje, a fin de mantenerse informados sobre el desarrollo del armamento de las demás. Eso les da condiciones de crear sus armas defensivas y ofensivas, de acuerdo con la necesidad, en caso de guerra. Elaboran planes de defensa y ataque que pueden ser colocados en práctica inmediatamente, sabiendo cuáles son las posibles reacciones del enemigo. Todo eso significa que, no obstante la paz que hay entre las naciones, ellas están continuamente en estado de alerta para cualquier eventualidad, está claro que el factor sorpresa es aún la mayor ventaja de aquellos que atacan.

Considerando que los verdaderos seguidores del Señor Jesús viven en constante estado de guerra contra el diablo y todos sus demonios; necesitamos los conocimientos básicos para vencer esa guerra de cada día.

Es extremadamente importante que tengamos lo máximo posible de informaciones al respecto de nuestros verdaderos enemigos, y cómo actúan, para que podamos armarnos, tanto para la defensa como para el ataque, a fin de que alcancemos la victoria de nuestra salvación eterna.

Es verdad que, desde que Adán y Eva cayeron en tentación, este mundo vive en una guerra constante entre la luz y las tinieblas; entre aquellos que fueron redimidos por la sangre de Cristo y aquel que los perdió en esta batalla, el diablo.

Es verdad que nos va a rodear, intentado rescatarnos para él, buscando siembre debilitar nuestra fe, sea con dudas, creando problemas con nuestros seres queridos, estimulando intrigas y desacuerdos entre los propios hermanos en la fe.

No podemos nunca subestimar la fuerza de nuestro enemigo, o actuar como muchos, que evitan hablar sobre eso. El Señor Jesús ya venció al diablo en el calvario, pero sabiendo que el diablo va a buscar destruir a aquellos que creen en su sacrificio, Él ya los preparó con las debidas condiciones, para que se defiendan con su propia armadura.

No solamente debemos conocer a Palabra de Dios, sino también estar atentos contra los engaños que nos sorprenden a cada momento. Muchas veces, por detrás de algo aparentemente insignificante está lo que puede  hacernos grandes estragos. Debemos tener cuidado con los famosos “pecaditos”, o las cosas aparentemente insignificantes o sin importancia, pero que, usadas por el diablo, se nos presentan como verdaderos engaños.

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