Padres, ¡entiendan a los jóvenes!

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Criar hijos nunca fue tarea fácil, pero para hacer y ofrecer lo mejor por ellos, como mínimo, los padres necesitan estar atentos y conocerlos como nadie.

De la preadolescencia en adelante, los hijos pasan por muchas transformaciones, es una fase de descubrimientos, desafíos y también muchas exigencias. Es justamente en ese momento que sus hijos necesitan, aun más, del apoyo incondicional de los padres.

Sin embargo, algunos, frente a las dificultades encontradas, se terminan frustrando en medio del camino, pero no es motivo para desesperarse. Es necesario, antes que nada, reevaluar la forma de cómo han actuado y repensar si están realmente en el camino correcto.

Después de todo, para todo existe una salida, incluso en ese difícil proceso en el que hay que educar a un niño para la vida y hacerlo valioso delante de la sociedad y, sobre todo, delante de  Dios, quien, además, lo conoce desde el vientre de su madre.

Con buenos consejos, paciencia, amor y mucha dedicación es posible ver a su hijo bien encaminado. Y más que eso, compañero y amigo.

Debate de adolescentes

Para Meuri Luiza, que se dedica a orientar a los jóvenes y aclarar sus dudas , las exigencias en exceso sólo logran apartar a los hijos.

“Hablar abiertamente con ellos, entender el porqué de sus dudas y explicar las consecuencias desastrosas de sus actitudes “equivocadas” es uno de los caminos para ser un éxito con sus hijos”, comenta.

Además, explica, no sirve de nada imponer; lo correcto es dar la oportunidad de que los hijos sientan en la piel las consecuencias de sus actos, o sea, mostrarles lo que sucederá en el caso que tomen actitudes equivocadas.

“Ellos deben ser conscientes de que siempre tendrán dos caminos: en uno tendrán éxito, mientras que en el otro, sufrirán consecuencias. Aun así, lo que sucede muchas veces, es porque los padres intentan sobreproteger a los hijos, impidiéndoles que sean responsables por aquello que hacen equivocadamente”, destaca.

En cuanto a la fase que todos temen – la adolescencia –, Meuri está en desacuerdo sobre que el problema son los jóvenes.

“Ellos no son difíciles de tratar, como muchos piensan. En verdad, los adolescentes sufren muchas exigencias de afuera. Si no fueran populares en el colegio, por ejemplo, sufrirán desprecio. Si son muy inteligentes, son excluidos. Si van contra la moda, los llaman extraterrestres. Y por ahí va. Hasta que se encuentren en sus propias mentes y definan su personalidad, tendrán muchas dudas y conflictos consigo mismos.”

Como el adulto ya tiene una personalidad formada, termina entrando en conflicto con ellos. “Por eso, muchas veces es tan difícil entender la cabeza de un adolescente.”

La verdad es que, a pesar de que aun se estén descubriendo a sí mismos, ellos buscan ser tratados como “gente grande”. Por eso, no menosprecie a su hijo, busque entenderlo, recordando, sobre todo, que un día ustedes (padres) también fueron jóvenes.

Cariño, afecto, comprensión, besos, halagos y mucho diálogo engrandecen su autoestima. Y eso es esencial para toda la vida.

Pero para que todo resulte bien en tiempos difíciles – cuando el exceso de estímulos e influencias están cada vez más latentes -, es importante mantener el equilibrio en todas las situaciones, buenas o malas.

En las orientaciones y conflictos diarios evite los gritos, el llanto, lamentos y descontrol, ya que acciones así sólo van a apartarlos de ustedes.

Participar de sus vidas, sin prohibir demás, ya es un buen camino. Después de todo, ¿quién le garantiza que nuestros hijos harán las elecciones correctas? No se puede precisar eso, sólo denles lo mejor. Tan solo consejos no funcionan, ya que la decisión sobre en quién reflejarse será de ellos. Para eso, valdrá siempre el ejemplo.

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