Parecía imposible cambiar…

Aline-Lima

Crecí en medio a una turbulencia espiritual. Mi padre, por servir a los espíritus, me obligaba a convivir diariamente con tales prácticas macabras. A los 5 años ya sufría con visiones de bultos y audición de voces. Aunque fuera algo tan natural, ya que los espíritus formaban parte de mi familia, eso me perturbaba mucho. Tenía desmayos constantes, dolores en el cuerpo que hacían que los médicos se sorprendieran porque no lograban diagnosticar nada. Conforme fui creciendo, las perturbaciones fueron aumentando.

Recuerdo que todas las noches eran terribles a causa de las pesadillas. Soñaba con muertos que me querían devorar y, como si no bastara, durante el día ellos me seguían, llamándome por mi nombre y haciendo de mi vida un infierno.

En esa época mi familia iba poniéndose cada vez peor. Mi padre, de tanto tomar, se volvió un alcohólico, al punto de llegar a casa borracho y agredirnos a todos. Obispo, era aterrador, pues, siempre estábamos a la expectativa de ser agredidos por él. Eso era constante y muy doloroso. Yo lloraba mucho porque quería ser como los demás niños, que tenían una infancia normal, cosa que yo desconocía.

En una cierta ocasión, él me llevó a una consulta, y uno de los médiums del centro espiritista me dijo que yo tenía que desarrollar mi don de médium. Aun siendo una niña, tuve que dedicarles todo mi tiempo a los espíritus, recibiendo responsabilidades de una entidad a la que debería servir durante toda mi vida. Claro que nada mejoró con eso. Incluso tenía que caminar y vestirme como él, ¿puede creerlo?

Ya siendo adolescente, empecé a odiar a mi padre. Tenía gusto de sangre en la boca y deseo de muerte, porque me había vuelto muy acomplejada debido a toda esa situación. Le pedía paz diariamente a mi entidad, y a cambio recibía el infierno de vida. Al mismo tiempo que planeaba mi muerte, deseaba ardientemente el mismo fin para mi padre. Ese odio creció tanto en mí que no lograba dormir más. Eso no salía de mi mente.

Aline Lima2Decidimos entonces ir a la Universal, debido a la insistencia de una obrera que nunca desistía, y durante un buen tiempo luché por mi liberación. Fue muy difícil. Aun pareciendo que no quería nada, yo sí quería, pero esa entidad no quería perderme. Poco a poco fui cambiando, los dolores constantes fueron desapareciendo, los desmayos y las perturbaciones también, pero mi mayor conflicto aún me incomodada: mi interior.

Sabía que tenía que decidir, y fue lo que hice. Fue la experiencia más maravillosa que ya sucedió en mi vida. Lo que le había pedido toda la vida a «mi entidad», Dios me lo concedió en un único acto de decisión: ¡la Paz!
¡Ah, qué día! Un día que cambió radicalmente mi historia, y hoy, como obrera, logro transmitírselo a tantas personas.

Aline Lima – Alto Vera Cruz/MG

Fuente: www.bispomacedo.com.br/es

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