Pequeños egoístas

malcriados

Gustarse a sí mismo es fundamental para tener una vida saludable. Tener autoestima hoy en día no es sinónimo de ausencia de problemas, pero si lo es de la capacidad para lidiar con las situaciones adversas, superar problemas y continuar motivado. Todo eso comienza a ser asimilado en la infancia. Para el psicoanálisis, la principal etapa de formación de la personalidad infantil sucede hasta loa 5 años de edad.

Durante ese período, es importante mostrar los límites de un comportamiento socialmente aceptable. Niños criados con exceso de mimos y elogios acostumbran creer que pueden hacer todo lo que desean, cuando ya entienden bien. “La criatura tiene que entender que ella debe adecuarse al mundo y no el mundo adecuarse a lo que ella siente. Tener la actitud correcta y esperada es lo que va a ayudarla a llegar adonde quiere”, explica la psicóloga y terapeuta familiar Regina Lucia Garcez.

Por eso mimar al hijo o ser extremadamente permisivo no es bueno para su formación. La frustración hace parte de la vida y no es bueno querer resguardar al niño de ella, lo ideal es ayudarlo a entender que no siempre va a conseguir todo lo que desea. Los niños educados creen que son los mejores en todo, acostumbran tener dificultades para lidiar con la frustración, relacionarse con los otros y, comprender límites y restricciones.

Pero no piense que los síntomas del exceso de mimos surgen recién en la vida adulta, sino que aparecen en la infancia, en las actitudes caprichosas. Por ejemplo al no respetar a los padres o al querer establecer su propia rutina. Para Regina, los padres están un poco confundidos en la ejecución de su papel de educadores, un reflejo de los cambios sufridos en las relaciones entre padres e hijos en las últimas décadas.

“La psicoanalista y socióloga muestran que existen otras formas de educar, pero los padres encuentran dificultades en adecuarse a un modelo razonable, donde existan límites y diálogo”, dice la terapeuta. El mundo contemporáneo crea la ilusión de que las personas pueden obtener todo lo que desean, siempre que tengan dinero o se esfuercen.

Para Marian Ávila de Lima Días, psicóloga especializada en psicología de la educación, esa situación también interfiere en la relación entre padres e hijos. “Vivimos en una sociedad en que parece feo decir no a los deseos. Nadie quiere asumir el papel de “villano” en la educación de los hijos. El adulto cree que no le puede negar nada al niño.”

Comprender la medida entre el elogio y la crítica al comportamiento del hijo es un desafío para los padres modernos. “Hoy es común educar al hijo pensando solo en la formación escolar, soñando que se vuelva un alto ejecutivo, pero las personas olvidan que él necesita saber vivir en sociedad, lidiar con la diferencia y los otros seres humanos”, explica Marian. Preparar al niño para ser un adulto saludable, que sepa relacionarse con los otros y sea consciente de su lugar en el mundo, significa educar con responsabilidad.

 

 

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