Perdiendo tiempo con el tonto

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Hay personas que simplemente no reaccionan ante un argumento inteligente. Por alguna razón es como si su masa encefálica se hubiese convertido en gelatina. No funciona. Es el caso de las personas prejuiciosas por ejemplo.

Prejuicio, por definición, no es resultado de inteligencia. Una persona que considera a otra inferior por el color de piel, la nacionalidad, la religión u otra característica, no está usando la inteligencia. Y si no se volvió prejuiciosa por razones inteligentes, tampoco dejará de serlo por ellas.

Pero el prejuicio es solo un ejemplo. Tontos y tonterías abundan por ahí, en todas las áreas y situaciones, e incluso dentro de casa. ¿Ya se sintió como si estuviese hablando con la pared cuando intentaba hacer entrar en razón a un familiar?

Sobre eso, Salomón aconsejó:

“No hables a oídos del necio, porque menospreciará la prudencia de tus razones.” Proverbios 23:9

A veces usted solo tiene que dejar que la tontería del tonto termine enseñándole la lección que usted arduamente intentó pero no logró enseñarle.

En cuanto a eso, hable con quien quiera oír, enseñe a quien quiera aprender, y no pierda su tiempo con los tontos.

Obispo Renato Cardoso.

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