No permita ser prisionero de la soberbia

arrogantes

Mirar por encima del hombro, levantar la nariz, cruzar los brazos y fingir que está oyendo. La altivez y la arrogancia de una persona con estas actitudes no se deben confundir con brío y dignidad. Al contrario, según la psicóloga y consultora organizacional Meiry Kamia, una persona que demuestra un sentimiento de superioridad sobre los demás es soberbia.

Al soberbio le gusta vanagloriarse por sus conquistas, pero, cuando se trata de las derrotas siempre señala a un culpable. La altivez de sus actitudes, que supone seguridad en lo que hace, en verdad es un mecanismo de defensa que apenas confirma lo inseguro que es en relación a la toma de decisiones. Para la psicóloga, la soberbia es una máscara de la baja autoestima. La persona necesita compensar la falta de seguridad en sí misma, autoafirmarse todo el tiempo, inclusive descalificar y despreciar al otro.

“Es como si la persona tuviera que recordarse a sí misma lo importante y especial que es. Ese funcionamiento psicológico tiene un inicio; muchas veces, en la infancia, con alguna experiencia negativa y traumática, en la que se sintió menos importante. Para no tener que sentir la sensación de rechazo nuevamente, se valora a si misma. Como en un ciclo vicioso, para defenderse de la sensación de inseguridad, necesita despreciar al otro, para demostrarse que, de alguna forma, es especial”, confirma Meiry.

Actuando así, como si fuera el centro del universo y creyendo que sus opiniones son más importantes que la de las demás personas, el soberbio corre el riesgo de no ver lo obvio, de no aceptar ayuda, de no actuar de una manera más natural y de desgastar sus relaciones de amistad, profesionales y familiares. Esas actitudes lo perjudican, al mismo tiempo, que le impiden vivir bien y feliz.

“En verdad, la soberbia es una prisión psicológica, en la que se gasta mucha energía para mantener la ilusión de perfección a sí mismo y hacia los demás. Las personas soberbias en general son exigentes consigo mismas y, consecuentemente, con los demás. No perdonan las fallas. Entonces convivir con ellas es agotador y pesado. El soberbio es incapaz de elogiar, pues reconocer el talento del otro significa una amenaza para sí mismo, por el miedo de no ser suficientemente bueno”, señala Meiry.

Amigo del soberbio

Si la necesidad de tener la razón es lo que más perjudica al soberbio, por otro lado, también es muy difícil ser amigo, familiar o colega de trabajo de él y lidiar con una persona que cree que solo sus ideas son buenas. De acuerdo con la psicóloga, es necesario separar lo que es un problema únicamente del soberbio, pues cuando él afecta o resiente a alguien, no es porque tiene problemas específicos con esa persona, sino porque trata a todos de la misma forma.

Usted debe aceptarlo como es e incentivarlo a querer cambiar. Solo él podrá realizar su propia transformación. “Las personas solo cambian cuando ellas lo deciden, y es necesario que tengamos paciencia para respetar el tiempo de cada persona. Inteligente es la persona que logra comprender cómo funciona cada ser humano y aprende a lidiar con cada uno de ellos, de la forma que se presenta cada persona, con todas sus cualidades y deficiencias”, afirma la psicóloga.

La mejor manera de ayudar es mostrar que usted no está ahí para competir con el soberbio, sino para hacer lo mejor que puede por él, por la familia, por mantener la amistad, por el trabajo en la empresa. Hacerlo de forma objetiva, sin sentimiento de superioridad ni de inferioridad, o como una competencia para ver quién llega más rápido o con más estatus al podio.

“Con el tiempo la persona notará que usted es alguien confiable, que no está allí para desenmascarar su debilidad. Esa confianza desarrollada por su paciencia y comprensión, podrá ayudar a esa persona a no competir más con usted, sino a relacionarse con usted.”

No caiga en la trampa

Pero cuidado para que usted mismo, que está intentando ayudar a su amigo o pariente no caiga en la trampa del orgullo exacerbado. La Lic. Meiry explica que la tendencia natural de las personas es juzgar y querer cambiar a los demás. Eso tampoco deja de ser un tipo de soberbia. “Ocurre que cuando nosotros nos creemos mejores que los demás, y que si alguien tiene que cambiar, ese alguien es el otro. Entonces, tomamos el lugar del soberbio a partir del momento en el que juzgamos que quien es el problemático es el otro. Es necesario mucho cuidado para no ser victimas de nuestro propio orgullo.”

 

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